Hatuey De Camps ha quedado como el único dirigente político de Relevancia Nacional libre de complicidades, presentes e históricas que arrastran las perniciones que en nuestro país son muy propias de los procesos de repostulación presidencial, y, peor aún, cuando logran convertirse en reelección presidencial.
Ningún dirigente, seguidor o simpatizante del Partido Reformista se atrevería a exhibir, sin ridiculizarse, una posición contraria a las "bondades legítimas" de los proyectos reelectoreros, después que su líder fuera el principal mentor de esos proyectos y corruptor empedernido de los procesos que los sustentaron.
Nadie, valiéndose del buen castellano franco y claro, aseguraría que algún proceso de los que condujeron a Joaquín Balaguer hasta la presidencia de la República, estuviera libre de las peores truculencias mediáticas, militares y ahijadas por fuerzas oscuras y malhadadas, protagonistas de los más desproporcionados retorcimientos apadrinados por juntas colusivas de arregladores enquistados en el poder religioso, económico, militar e imperial extrangero.
Por otro lado, los líderes de la tradición perredeísta mejor valorada y respetada, en su momento más crítico y decisivo frente al coraje ético que debió imponerse, fueron incapaces, penosamente, de mantenerse de piés frente al fraguado proyecto reelectorero encabezado por el entonces presidente Hipólito Mejía.
Nombres hasta entonces sagrados y preservados de como referente ético-moral de la más valiosa tradición política perredeísta, afirmada en las patas morales de las ideas y conductas de Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez, como es caso de Milagros Ortiz, Jorge Blanco, Ivelisse Pratts, Hugo Tolentino, Tirso Mejía, Miguel Vargas, Ramón Alburquerque, Orlando Jorge, Franco Badía, Guido Gómez, Eligio Jáquez, Rafael Suberbí, Esquea Guerrero, y otros, sucumbieron de cualquier forma ante las ansiedades que generaron los contratiempos del momento político, seriamente conturbado por acontecimietos nacionales e internacionales, por el que atravaesaba el País, tan traumáticos que auguraban una difícil batalla por la retención del poder.
No logró imponerse el muro de los principios cuando cuando el embate de la corriente reelectorera hizo olas.
Fué entonces cuando la agudeza de la lanza que porta el estandarte de los principios que sustentaban la historia de la firmeza política, racional y conceptualmente afirmada en las tradiciones del pensamiento dominicano mejor depurado y acendrado en los principios de la fuerza de la democracia y sus hechos gubernamentales mejor valorados en nuestra historia, fué recogida por Hatuey De Camps junto a un valiente conjunto de dirigentes que se decidieron a enfrentar ese estropicio inaceptable protagonizado en contra de los mejores intereses de la democracia, cara demás, que el PRD ha defendido a fuego y sangre durante unas seis décadas.
Por su lado, en el PLD, más allá del regalo constitucional que le brindara ese intento de Hipólito Mejía, con el respaldo de todos aquellos dirigentes arrodillados ante un torero que los canzó con Pases de Verónica, revertido cual boumerang contra el propio PRD, no titubeó para ir más allá y lograr zarpazo reelectorero contra la constitución, para despejar el camino a los intentos que supuestamente quedaban ceerrados luego de la chapuza reformadora martillada durante el gobierno de Hipólito Mejía, permitiendo así que se abran nuevas ocasiones legales para que vuelvan a ser postulados los presidentes salientes.
Danilo Medina, "vencido por El Estado", hizo mutis ante la repostulación del Dr. Leonel Fernández y lo mismo hace en estos momentos cuando los aires ardientes amenazan con desatar una nueva tormenta política, ética y moral, ante los anunciados propuestos políticos que se dirigen a violentar la propia constitución para conducirnos a otro intento de continuismo impuesto, forzado, ilegal y cuasi violento, contra la Democracia y contra los intereses mínimos y los máximos de la población más desposeída, la que ha salido con peor partida de este gobierno reelecto que hoy nos conduce.
José Tomás Pérez y Franklin Almeida, Francisco Javier, Radamés Segura, otros connotados líderes peledeistas, no han hecho silencio, sino que han anunciado insistentemente sus respectivos actos de sumisión incondicional a las voluntades reelectoreras del Presidente Fernández, condicionando las disposiciones electorales de sus respectivos liderazgo a los deseos de repostulación del Presidente.
Así es que, sin eufemismos, sin retorcimientos, sin acondicionamientos ni excusas maquilladas, el único líder político de este momento, con características cultivadas, desarrolladas, creíbles y tangibles, para afrontar un proceso gubernamental de transcición entre los vicios que han generado los procesosr reelectoreros, no comprometido con la duda de respaldar o intentar gobernar para fomentar un proyecto reelectorero en caso del llegar al poder, es, a nada de dudar, Hatuey De Camps.
Un líder que ha dado señales racionales y firmes de vivir alejado de las colusiones criminales de los sustentados por los poderes del Estado, alejado del nepotismo partidario y familiar, alejado desde sus funciones estatales de la promoción de ventajas económicas familiares ni compromisarias con los desfalcos propios de los ejercitantes del poder cuando se aposentan en las más poderosos e influyentes escritorios del Gobierno de turno.
Fueran quienes fueran los ostentantes de las candidaturas presidenciales que se presentaran en las próximas elecciones, entiendo que sobran razones para entender que siendo necesario, como es en este momento, enderezar la ruta por la que se conduce el ejercicio gubernamental dominicano, atocigado de compromisos espurios de los que no podrían liberarse los pretendientes antes citados, a nuestra sociedad le urge un encamisado político voluntarioso, ético y moral, capaz de enfrentar un proceso de corrección de la ruta de la derrota que como sociedad estamos transitando en estos momentos.
La Ruta tiene que ser corregida. Hatuey De Camps es en estos momentos el referente más firme para iniciar y encaminar un proceso libre para la reconstrucción de nuestra Democracia para llegar a la Ruta Corregida que iniciamos en el PRSD.
sábado, 30 de octubre de 2010
viernes, 22 de octubre de 2010
PRSD, LA RUTA CORREGIDA, XV... CONSOLIDACIÓN DE LAS IDEAS POLÍTICAS EN EL PRSD
La Consolidación de la ideas políticas, luego de las agudas discusiones que suelen extenderse entre los pensadores, ideólogos, armadores y militantes del partido, en cualquier época de nuestra historia política universal, implica la recomposición de fuerzas, reformulación de las estrategias ideológicas y el rearreglamiento entre los contrarios que luchan por la prevalencia de sus propias concepciones sobre el hecho político y sus razones, las del poder y la conquista del mismo, y sobre la conveniencia sobre quien debe dirigir dichas conquistas.
Las Correcciones hechas sobre la Ruta seguida, obedece siempre, como un hecho dialéctico, a las manifestaciones de las contradicciones que surgen y van aniquilándose como escollos a menores o mayores plazos, tras caídas y subidas del espíritu por convencional que cíclicamente se presenta como onda que resuena entre los oídos de todos los actores y protagonistas en el escenario de beligerancias.
El hecho de procurar los arreglos sociales mediante la conciliación de intereses comunes, es esencialmente humano, sobretodo cuando las diferencias entre los intereses en contradicción no resultan sustancialmente opuestos, sino que se limitan a las ansias de dominación, como fenómeno antropológico.
Los intereses políticos entre los Partidos de nuestra tradición regional, propios de sociedades convulsas, regenteadas por colonos y encomenderos, que son los mismos que los intereses por el dominio o poder en la dirección del Estado y de los beneficios que de este hecho se desprenden, como el de las ventajas materiales y sociales que a partir de ello se acumulan.
No existen visos de luchas de clases promovidas por Partidos como el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), Partido de la Liberación Dominicana, (PLD), Partido Revolucionario Social Demócrata (PRSD), Partido Revolucionario Independiente, (PRI), Partido Demócrata Institucional, (PDI), Alianza Social Demócrata,(ASD), Movimiento Unidad y Cambio, (MIUCA),etc., por tanto los intereses profundos son fundamentalmente comunes a sus modos de comprender, aunque muchas veces inconscientes de su poder sinérgico.
No existe una conciencia de clase que los contraponga, ni siquiera desde los magros movimientos obreros, fundamentalmente desvanecidos y absorbidos por la miseria ideológica que cunde en nuestra sociedad política.
Esta coincidencia de conciencia deformada nos muestra que ninguna posición de fondo se opone a un arreglamiento de las posiciones políticas que entre todos conforman y se acogen a este sistema de ordenamiento social y de Estado.
Este hecho nos deja saber sin arrugas, que no existen diferencias de fondo que impidan entre ellos una conciliación formal y directa en el sentido de seleccionar un gobierno abiertamente equilibrado y muy capaz de armonizar entre todos con el fin de desarrollar una agenda de reformas trascendentes.
Todos nuestros líderes mejor cultivados y más influyentes, acrecentarían sus haberes morales y relaciones de poder en la medida que se cristalice una transparente atmósfera de debate político saneado de las truculencias criminales y la barbarie del primitivismo político que hoy se nos aposenta en todos los estamentos de nuestras instituciones públicas y privadas.
Estamos convencidos de que es preciso un acto de reconocimiento de que la conciliación de intereses se favorece con el ajuste civilizado y materialmente muy redituable en favor del ordenamiento productivo nacional, por lo que, los mayores beneficios de un arreglamiento institucional general tiende a favorecer a todo el sistema. Para todo ello es de prioridad seleccionar un gobierno con respaldo universal, bajo una agenda consensuada por las experiencias de éxitos y sobre las frustraciones reconocidas.
Una cabeza política experimentada, firme y capaz de lidiar con los tiempos de hoy signados por el discernimiento intelectual en materia de Economía y el manejo de la metodología científica en la investigación social, con experiencias fundadas en las luchas populares, el ejercicio docente intelectual, la dirección de Estado en diferentes fases del poder legislativo y administrativo, la conducción y de consensos internacionales, libre de desgastes provocados por las complacencias inevitables que doblegan a los ejercitantes de la Presidencia del Gobierno, sería la llamada a la conducción más racional de las reformas progresistas del Estado en favor de las mayorías grandes, es decir, en favor de la Democracia Grande, la Democracia incluyente dirigida a beneficiar a grandes distribuciones humanas.
Uno de esos dirigentes privilegiados por el espíritu de trabajo, la sagacidad política, la inteligencia administrativa y la firmeza en su liderazgo, puede ser Hatuey De Camps, sin dudas el dirigente mejor tallado, forjado y templado con el que en estos momentos cuenta la estructura política dominicana para lograr enderezar los entuertos administrativos de nuestras tradicionales máculas tales como la desidia por la educación popular, la corrupción generalizada y la indiferencia con respecto al crecimiento precipitado de la criminalidad.
Una presidencia sin aspiraciones reelectorales, con capacidad de ejercer el equilibrio entre las distintas fuerzas sociales que componen y dirigen nuestros ordenamientos tradicionales, religiosos, obreros, políticos, empresariales, e ideológicos de cualquier denominación que asocie a la ciudadanía dominicana de buena voluntad.
El PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA, PRSD, El Partido del Toro, ofrece como herramienta de consenso nacional, un candidato libre de vicios de poder como lo son el continuísmo, las colusiones y el nepotismo partidario o familiar, por estar el mismo en la inmejorable situación de no cargar sobre sus espaldas políticas con compromisos espurios.
El Partido Revolucionario Social Demócrata, PRSD, El Partido del Toro, propicia la corrección recta de las rutas desviadas del progreso distribuido como principio de la institucionalidad democrática concebida al estilo de José Francisco Peña Gómez, Juan Bosch y Hatuey Decamps, este quien hoy se erige como el último gran sustento de la interpretación social de la democracia como fundamento del bienestar y el progreso colectivo en un marco de consenso abarcador de los beneficios sinérgicos de la sociedad moderna como una familia grande y de compromisos humanos.
Las Correcciones hechas sobre la Ruta seguida, obedece siempre, como un hecho dialéctico, a las manifestaciones de las contradicciones que surgen y van aniquilándose como escollos a menores o mayores plazos, tras caídas y subidas del espíritu por convencional que cíclicamente se presenta como onda que resuena entre los oídos de todos los actores y protagonistas en el escenario de beligerancias.
El hecho de procurar los arreglos sociales mediante la conciliación de intereses comunes, es esencialmente humano, sobretodo cuando las diferencias entre los intereses en contradicción no resultan sustancialmente opuestos, sino que se limitan a las ansias de dominación, como fenómeno antropológico.
Los intereses políticos entre los Partidos de nuestra tradición regional, propios de sociedades convulsas, regenteadas por colonos y encomenderos, que son los mismos que los intereses por el dominio o poder en la dirección del Estado y de los beneficios que de este hecho se desprenden, como el de las ventajas materiales y sociales que a partir de ello se acumulan.
No existen visos de luchas de clases promovidas por Partidos como el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), Partido de la Liberación Dominicana, (PLD), Partido Revolucionario Social Demócrata (PRSD), Partido Revolucionario Independiente, (PRI), Partido Demócrata Institucional, (PDI), Alianza Social Demócrata,(ASD), Movimiento Unidad y Cambio, (MIUCA),etc., por tanto los intereses profundos son fundamentalmente comunes a sus modos de comprender, aunque muchas veces inconscientes de su poder sinérgico.
No existe una conciencia de clase que los contraponga, ni siquiera desde los magros movimientos obreros, fundamentalmente desvanecidos y absorbidos por la miseria ideológica que cunde en nuestra sociedad política.
Esta coincidencia de conciencia deformada nos muestra que ninguna posición de fondo se opone a un arreglamiento de las posiciones políticas que entre todos conforman y se acogen a este sistema de ordenamiento social y de Estado.
Este hecho nos deja saber sin arrugas, que no existen diferencias de fondo que impidan entre ellos una conciliación formal y directa en el sentido de seleccionar un gobierno abiertamente equilibrado y muy capaz de armonizar entre todos con el fin de desarrollar una agenda de reformas trascendentes.
Todos nuestros líderes mejor cultivados y más influyentes, acrecentarían sus haberes morales y relaciones de poder en la medida que se cristalice una transparente atmósfera de debate político saneado de las truculencias criminales y la barbarie del primitivismo político que hoy se nos aposenta en todos los estamentos de nuestras instituciones públicas y privadas.
Estamos convencidos de que es preciso un acto de reconocimiento de que la conciliación de intereses se favorece con el ajuste civilizado y materialmente muy redituable en favor del ordenamiento productivo nacional, por lo que, los mayores beneficios de un arreglamiento institucional general tiende a favorecer a todo el sistema. Para todo ello es de prioridad seleccionar un gobierno con respaldo universal, bajo una agenda consensuada por las experiencias de éxitos y sobre las frustraciones reconocidas.
Una cabeza política experimentada, firme y capaz de lidiar con los tiempos de hoy signados por el discernimiento intelectual en materia de Economía y el manejo de la metodología científica en la investigación social, con experiencias fundadas en las luchas populares, el ejercicio docente intelectual, la dirección de Estado en diferentes fases del poder legislativo y administrativo, la conducción y de consensos internacionales, libre de desgastes provocados por las complacencias inevitables que doblegan a los ejercitantes de la Presidencia del Gobierno, sería la llamada a la conducción más racional de las reformas progresistas del Estado en favor de las mayorías grandes, es decir, en favor de la Democracia Grande, la Democracia incluyente dirigida a beneficiar a grandes distribuciones humanas.
Uno de esos dirigentes privilegiados por el espíritu de trabajo, la sagacidad política, la inteligencia administrativa y la firmeza en su liderazgo, puede ser Hatuey De Camps, sin dudas el dirigente mejor tallado, forjado y templado con el que en estos momentos cuenta la estructura política dominicana para lograr enderezar los entuertos administrativos de nuestras tradicionales máculas tales como la desidia por la educación popular, la corrupción generalizada y la indiferencia con respecto al crecimiento precipitado de la criminalidad.
Una presidencia sin aspiraciones reelectorales, con capacidad de ejercer el equilibrio entre las distintas fuerzas sociales que componen y dirigen nuestros ordenamientos tradicionales, religiosos, obreros, políticos, empresariales, e ideológicos de cualquier denominación que asocie a la ciudadanía dominicana de buena voluntad.
El PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA, PRSD, El Partido del Toro, ofrece como herramienta de consenso nacional, un candidato libre de vicios de poder como lo son el continuísmo, las colusiones y el nepotismo partidario o familiar, por estar el mismo en la inmejorable situación de no cargar sobre sus espaldas políticas con compromisos espurios.
El Partido Revolucionario Social Demócrata, PRSD, El Partido del Toro, propicia la corrección recta de las rutas desviadas del progreso distribuido como principio de la institucionalidad democrática concebida al estilo de José Francisco Peña Gómez, Juan Bosch y Hatuey Decamps, este quien hoy se erige como el último gran sustento de la interpretación social de la democracia como fundamento del bienestar y el progreso colectivo en un marco de consenso abarcador de los beneficios sinérgicos de la sociedad moderna como una familia grande y de compromisos humanos.
sábado, 31 de julio de 2010
PRSD, LA RUTA CORREGIDA XIV....PEÑA GÓMEZ, JUAN BOSCH Y HATUEY DECAMPS, DIRIGENTES PARADIGMÁTICOS
Cuando aquellos dirigentes políticos paradigmáticos: Peña Gómez, Juan Bosch y Hatuey De Camps, fueron fraguando y forjándose, bajo la contundencia y tenacidad del calor y del martillo de las más rudas experiencias políticas tras los gobiernos de Trujillo y luego los de Balaguer, marcados éstos por las imposiciones de la permanencia en el poder usurpado mediante los procesos que implicaron sus respostulaciones electorales sin observar la prudencia aconsejadora sobre las buenas venturas de una sana alternancia política en la administración del Estado, lo hicieron convencidos de que nuestra sociedad política sigue el trillo de la historia material y espiritual que siguen todos los procesos de ordenamiento que se corresponden con las sociedades políticamente inmaduras, porque tampoco cuentan con una economía apropiadamente reglamentada, pero sí con unos niveles de hambre de alimentos, de hambre de conocimientos, de hambre de salud administrativa y de salud física.
La selección de equipos de hombres gobernantes, capaces y probos, dispuestos a servir como trabajadores sociales sus roles de profesionales, es una tarea de responsabilidad ciudadana muy delicada, difícil y cargada de contraposiciones y desavenencias humanas y de posiciones ideológicas. No obstante, cuando se lograra la madurez necesaria para alcanzar de modo consensual a seleccionar ese equipo, lo mínimo deseado habría de ser garantizar su continuidad por todo el tiempo que lo demandaran las circunstancias.
Sinembargo, esa experiencia acumulada por aquellos líderes y dirigentes, los hizo convencerse de que las reglas éticas por las que se mide Nuestra Sociedad Política Dominicana, carece del peso de una fuerte tradición de respeto a los principios concebidos como normas de nuestros arreglos jurídicos y sociales en general, en consecuencia, esas normas no alcanzan a valer para detener el empuje de las asociaciones criminales que se constituyen para desprestigiar, menospreciar, violar o simplemente desconocer esas normas desde dentro del mismo tren administrativo estatal, en un contubernio con las más altas instancias de la sociedad comercial, empresarial y profesional que tiende a doblegar cualquier intento encabezado por cualquier pensamiento que se le contraponga.
Esa, ninguna otra, es la razón por la que cualquier análisis de los proceos pro-democráticos republicanos que se aplique a nuestro proceso político democrático, ha de concluir sobre la necesidad de condenar cualquier proyecto de repostulación que procure sustentar la continuación de un mandato presidencial, más allá de un período constitucional.
En nuestro país no existe una referencia histórica re-eleccionista que no haya concluido con un balance nefasto para la democracia dominicana. Sobre los casos de re-elecciones anteriores al presente gobierno, poco dejan ya para motivar la descripción de sus trágicas consecuencias, sinembargo, en un período de elasticidades políticas tan cómodas como resulta ser el que le ha tocado encabezar al actual Presidente, Dr. Leonel Fernández, las consecuencias de desobedecer los consejos de la prudencia política histórica, no se han hecho esperar y se aboca El Presidente Fernández a echar al mar cualquier brillo que pudiera exhibir atribuíble a sus ejercicios presidenciales, como virtud de sus talentos políticos, todo como consecuencia de un ejercicio presidencial signado por los cuestionamientos legítimos sobre las artes aplicadas para retener el poder en la administración presidencial del Estado.
Hoy, frente a los escarceos mediáticos a los que se sigue sometiendo la voluntad política del Dr. Fernández, nada es políticamente más aconsejable para él, que descartar ese caramelo envenenado, el cual podría intoxicar de modo irremediable su historia y su futuro político, constantemente recalentado por el deterioro constante de las variables más sensibles para el mantenimiento de una sana perspectiva de la transmisión democrática del poder.
No obstante, si finalmente, ante los reclamos y presiones de la corte de acólitos que insisten en empujarlo por esa ruta, convocados por los vicios propios que son el motivo por el que condenamos los procesos continuistas, lograra doblegar sus inclinaciones democráticas, imponiéndose el proceso de repostulación, nos queda, sinembargo, el deber de luchar a brazos partidos, para oponernos a dicho proceso, incluyendo en esta lucha, a otros dirigentes democráticos de las propias denominaciones de las que hasta ese momento lo hayan respaldado, conscientes todos, de que ello sería la mejor decisión, la más sana medida de la democracia para evitarle al país cualquier desastre en su ordenamiento económico, político o democrático.
Este alerta, ha de servir, asimismo, para que el la propia oposición, incluido el Partido Revolucionario Dominicano, PRD, advierta el peligro de sus desarreglos internos, debilitantes, arriesgados e imprudentes, propiciadores, sin dudas, de su penoso historial de derrotas, no obstante el lograr mantenerse como el partido de mayor y más firme arraigo, social, -cuasi-religioso-, de la historia de la República Dominicana, no obstante, no obstante el haber sido la cuna de los dos partidos que le siguen en el interés de la ciudadanía: El PLD y el PRSD, El Partido del Toro.
Ante la difusión creciente de las promociones que tienden a asentar la idea de que el proceso de repostulación presidencial por parte de Leonel Fernández, serían un hecho invariable, salvo la postulación de su misma esposa, Doña Margarita de Fernández, el candidato de la oposición debe alcanzar a ser un candidato capaz de consensuar todas las fuerzas democráticas conscientes de lo pernicioso que sería para el orden del Estado Nacional, una nueva repostulación del presidente Fernández.
El costo para el estado de ese proceso, sería tal que nos atrevemos a predecir que un colapso económico catastrófico sería inevitable.
A toda la oposición y a todos los sectores que alcancen a ver nuestras consideraciones como enmarcadas en la realidad social dominicana del momento, los llamamos a mirar hacia la experiencia de Estado del dirigente Hatuey De Camps, el dirigente que, junto a Peña Gómez y Juan Bosch, desde los tiempos de Balaguer, ha vencido la tentación, una y otra vez, de doblarse frente a cualquiera de los intentos de propuestas re-eleccionistas que haya sido ojeada desde de cualquier mirador, incluidos aquellos sectores internos que en el propio PRD, se atrevieron a intentar movimientos en favor de obcenos proyectos re-eleccionistas, durante los gobiernos de Antonio Guzmán, de Salvador Jorge Blanco, de Hipólito Mejía y que hoy procuran la re-postulación del Dr. Fernández, aun sea humillando la constitución.
La Ruta de los procesos re-eleccionistas, tiene que ser corregida, el PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA, PRSD, El Partido del Toro, nos conduce por la Ruta Corregida, la ruta de las precisiones de los pincipios de la Democracia Social, libre de colusiones.
La selección de equipos de hombres gobernantes, capaces y probos, dispuestos a servir como trabajadores sociales sus roles de profesionales, es una tarea de responsabilidad ciudadana muy delicada, difícil y cargada de contraposiciones y desavenencias humanas y de posiciones ideológicas. No obstante, cuando se lograra la madurez necesaria para alcanzar de modo consensual a seleccionar ese equipo, lo mínimo deseado habría de ser garantizar su continuidad por todo el tiempo que lo demandaran las circunstancias.
Sinembargo, esa experiencia acumulada por aquellos líderes y dirigentes, los hizo convencerse de que las reglas éticas por las que se mide Nuestra Sociedad Política Dominicana, carece del peso de una fuerte tradición de respeto a los principios concebidos como normas de nuestros arreglos jurídicos y sociales en general, en consecuencia, esas normas no alcanzan a valer para detener el empuje de las asociaciones criminales que se constituyen para desprestigiar, menospreciar, violar o simplemente desconocer esas normas desde dentro del mismo tren administrativo estatal, en un contubernio con las más altas instancias de la sociedad comercial, empresarial y profesional que tiende a doblegar cualquier intento encabezado por cualquier pensamiento que se le contraponga.
Esa, ninguna otra, es la razón por la que cualquier análisis de los proceos pro-democráticos republicanos que se aplique a nuestro proceso político democrático, ha de concluir sobre la necesidad de condenar cualquier proyecto de repostulación que procure sustentar la continuación de un mandato presidencial, más allá de un período constitucional.
En nuestro país no existe una referencia histórica re-eleccionista que no haya concluido con un balance nefasto para la democracia dominicana. Sobre los casos de re-elecciones anteriores al presente gobierno, poco dejan ya para motivar la descripción de sus trágicas consecuencias, sinembargo, en un período de elasticidades políticas tan cómodas como resulta ser el que le ha tocado encabezar al actual Presidente, Dr. Leonel Fernández, las consecuencias de desobedecer los consejos de la prudencia política histórica, no se han hecho esperar y se aboca El Presidente Fernández a echar al mar cualquier brillo que pudiera exhibir atribuíble a sus ejercicios presidenciales, como virtud de sus talentos políticos, todo como consecuencia de un ejercicio presidencial signado por los cuestionamientos legítimos sobre las artes aplicadas para retener el poder en la administración presidencial del Estado.
Hoy, frente a los escarceos mediáticos a los que se sigue sometiendo la voluntad política del Dr. Fernández, nada es políticamente más aconsejable para él, que descartar ese caramelo envenenado, el cual podría intoxicar de modo irremediable su historia y su futuro político, constantemente recalentado por el deterioro constante de las variables más sensibles para el mantenimiento de una sana perspectiva de la transmisión democrática del poder.
No obstante, si finalmente, ante los reclamos y presiones de la corte de acólitos que insisten en empujarlo por esa ruta, convocados por los vicios propios que son el motivo por el que condenamos los procesos continuistas, lograra doblegar sus inclinaciones democráticas, imponiéndose el proceso de repostulación, nos queda, sinembargo, el deber de luchar a brazos partidos, para oponernos a dicho proceso, incluyendo en esta lucha, a otros dirigentes democráticos de las propias denominaciones de las que hasta ese momento lo hayan respaldado, conscientes todos, de que ello sería la mejor decisión, la más sana medida de la democracia para evitarle al país cualquier desastre en su ordenamiento económico, político o democrático.
Este alerta, ha de servir, asimismo, para que el la propia oposición, incluido el Partido Revolucionario Dominicano, PRD, advierta el peligro de sus desarreglos internos, debilitantes, arriesgados e imprudentes, propiciadores, sin dudas, de su penoso historial de derrotas, no obstante el lograr mantenerse como el partido de mayor y más firme arraigo, social, -cuasi-religioso-, de la historia de la República Dominicana, no obstante, no obstante el haber sido la cuna de los dos partidos que le siguen en el interés de la ciudadanía: El PLD y el PRSD, El Partido del Toro.
Ante la difusión creciente de las promociones que tienden a asentar la idea de que el proceso de repostulación presidencial por parte de Leonel Fernández, serían un hecho invariable, salvo la postulación de su misma esposa, Doña Margarita de Fernández, el candidato de la oposición debe alcanzar a ser un candidato capaz de consensuar todas las fuerzas democráticas conscientes de lo pernicioso que sería para el orden del Estado Nacional, una nueva repostulación del presidente Fernández.
El costo para el estado de ese proceso, sería tal que nos atrevemos a predecir que un colapso económico catastrófico sería inevitable.
A toda la oposición y a todos los sectores que alcancen a ver nuestras consideraciones como enmarcadas en la realidad social dominicana del momento, los llamamos a mirar hacia la experiencia de Estado del dirigente Hatuey De Camps, el dirigente que, junto a Peña Gómez y Juan Bosch, desde los tiempos de Balaguer, ha vencido la tentación, una y otra vez, de doblarse frente a cualquiera de los intentos de propuestas re-eleccionistas que haya sido ojeada desde de cualquier mirador, incluidos aquellos sectores internos que en el propio PRD, se atrevieron a intentar movimientos en favor de obcenos proyectos re-eleccionistas, durante los gobiernos de Antonio Guzmán, de Salvador Jorge Blanco, de Hipólito Mejía y que hoy procuran la re-postulación del Dr. Fernández, aun sea humillando la constitución.
La Ruta de los procesos re-eleccionistas, tiene que ser corregida, el PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA, PRSD, El Partido del Toro, nos conduce por la Ruta Corregida, la ruta de las precisiones de los pincipios de la Democracia Social, libre de colusiones.
lunes, 12 de julio de 2010
PRSD, LA RUTA CORREGIDA, XIII ....PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA, PRSD, EL PARTIDO DEL TORO SALVA EL PROYECTO DE FORMACIÓN POLÍTICA
La formación intelectual aplicada al ejercicio teórico y práctico de las ciencias políticas, apreciadas estas como ciencias de la administración del Estado, en los últimos años ha merecido una muy precaria atención por parte de las distintas organizaciones concernidas en el sistema partidario de nuestra cultura política democrática.
La Excepción del momento, sinembargo, la salva el proyecto de formación continua que ejecuta el PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA, PRSD, El Partido del Toro, encabezado y orientado por los conceptos teórico prácticos desarrollados y puestos en escena por Hatuey De Camps, cuyo liderazgo se ha forjado tras una larga experiencia trabajando junto a José Francisco Peña Gómez y Don Juan E. Bosch, quienes han sido los mentores más sobresalientes de la dedicación a la educación política.
Los programas de consolidación ideológica, organización partidaria, dirigencia y liderazgo, conducen al PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA hacia el reforzamiento de un nutrido y sólido núcleo de dirigentes, incluida una selección de jóvenes profesionales de distintas disciplinas científicas y administrativas, llamados a conformar un estratégico staff de hombres capacitados y entrenados para ejercer las funciones administrativas del Estado basados en criterios decisivos sobre equilibrio distributivo de las oportunidades para el ejecicio digno de la vida moderna, bajo el respeto a las convenciones deontológicas del derecho y la moral social.
Hoy, el PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA, PRSD, El Partido del Toro, deviene en ser la única gran escuela de formación en materia de ejercicio ético del trabajo político capaz de garantizar la línea de respeto y acreditación al compromiso ciudadano para asumir una sana administración del gobierno del Estado y de la República.
La Ruta del desinterés formativo que se venía expresando desde hace años, extendido sobre el conjunto sociopolítico dominicano como consencuencia de las frustraciones ensilladas en las avalanchas de la degeneración de las formas en la conducción política y la conducción administrativa, comienza a revertir su derrotero de esas frustraciones desesperanzadoras.
El PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA, PRSD, El Partido del Toro, ofrece, sirve y garantiza la oportunidad de un ejercicio formativo revolucionario, acendrado en valores ciudadanos del más digno perfil patriótico y respetuoso de nuestras tradiciones y particularizaciones históricas.
La Ruta de las dispersiones de nuestro pensamiento central como proyecto de Autenticidad Social Demócrata, sigue la Ruta Corregida por las postulaciones ideológicas y el pragmatismo táctico orientado por Hatuey De Camps, como Presidente del partido y director de la formación de los cuadros partidarios, responsable de la conducción y corrección permanente. Esta Ruta Corregida signa al PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA, PRSD, El Partido del Toro, como la bandera de la cultura de la democracia abierta y amplia, como sistema político aplicado, en la República Dominicana.
La Excepción del momento, sinembargo, la salva el proyecto de formación continua que ejecuta el PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA, PRSD, El Partido del Toro, encabezado y orientado por los conceptos teórico prácticos desarrollados y puestos en escena por Hatuey De Camps, cuyo liderazgo se ha forjado tras una larga experiencia trabajando junto a José Francisco Peña Gómez y Don Juan E. Bosch, quienes han sido los mentores más sobresalientes de la dedicación a la educación política.
Los programas de consolidación ideológica, organización partidaria, dirigencia y liderazgo, conducen al PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA hacia el reforzamiento de un nutrido y sólido núcleo de dirigentes, incluida una selección de jóvenes profesionales de distintas disciplinas científicas y administrativas, llamados a conformar un estratégico staff de hombres capacitados y entrenados para ejercer las funciones administrativas del Estado basados en criterios decisivos sobre equilibrio distributivo de las oportunidades para el ejecicio digno de la vida moderna, bajo el respeto a las convenciones deontológicas del derecho y la moral social.
Hoy, el PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA, PRSD, El Partido del Toro, deviene en ser la única gran escuela de formación en materia de ejercicio ético del trabajo político capaz de garantizar la línea de respeto y acreditación al compromiso ciudadano para asumir una sana administración del gobierno del Estado y de la República.
La Ruta del desinterés formativo que se venía expresando desde hace años, extendido sobre el conjunto sociopolítico dominicano como consencuencia de las frustraciones ensilladas en las avalanchas de la degeneración de las formas en la conducción política y la conducción administrativa, comienza a revertir su derrotero de esas frustraciones desesperanzadoras.
El PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA, PRSD, El Partido del Toro, ofrece, sirve y garantiza la oportunidad de un ejercicio formativo revolucionario, acendrado en valores ciudadanos del más digno perfil patriótico y respetuoso de nuestras tradiciones y particularizaciones históricas.
La Ruta de las dispersiones de nuestro pensamiento central como proyecto de Autenticidad Social Demócrata, sigue la Ruta Corregida por las postulaciones ideológicas y el pragmatismo táctico orientado por Hatuey De Camps, como Presidente del partido y director de la formación de los cuadros partidarios, responsable de la conducción y corrección permanente. Esta Ruta Corregida signa al PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA, PRSD, El Partido del Toro, como la bandera de la cultura de la democracia abierta y amplia, como sistema político aplicado, en la República Dominicana.
miércoles, 23 de junio de 2010
PRSD, LA RUTA CORREGIDA, XII ...EL GOBIERNO DE LEONEL FERNÁNDEZ EN LA PRESIDENCIA DEL PLD
Leonel Fernández, Presidente del del Gobierno Dominicano y presidente del Partido de la Liberación Dominicana, PLD, ha venido acumulando muy merecidos reconocimientos como conductor de relaciones internacionales, así como responsable último de los logros atribuibles a la estabilidad económica y social general de nuestra supervivencia como Estado, no obstante, las redes tejidas por su partido en torno al propósito reeleccionista en el que terminó atrapado, lo condujeron a cumplir con compromisos políticos que hoy han devenido en esta vorágine de despropósitos administrativos que amenazan con deslucir todos los logros alcanzados, dados los costos de la impunidad y de la permisividad que aposenta el crimen de distintas etiologías sociales.
Por Otro lado, Miguel Vargas, exitoso y próspero dirigente empresarial, convencido del valor social de su entrega personal a la sana administración del Estado, involucrado en la dirección administrativa del Partido Revolucionario Dominicano, PRD, desde hace años, ha pasado a la Presidencia misma de la organización, imprimiéndole a ésta, un carácter disciplinario harto centralizado, impropio, sinembargo, de los tradicionales liberalismos enraizados entre las disidencias internas de este partido.
Esas raíces que soportan esa libertad de acción, diversidad de criterios polícos, y, -muy importante-, las reales oportunidades de ascender y de presentarse a cualquier candidatura, han anclado las siglas y la escencia política, social y cultural del PRD en la mente y el subconsciente colectivo de la ciudadanía dominicana, saberse bautizado de perredeísta deviene en sentirse libre de ataduras fundamentalistas, es como sentirse un cristiano con derecho a bailar, cantar y vestir pantalones modernos ajustados a sus medidas.
Hatuey De Camps, por su lado, como administrador de múltiples procesos políticos, ha tomado distancia de los compromisos que suelen ser arrebatados sin contar con las razones jurídicas y la sensatez política.
Hipólito Mejía, con su acendrada experiencia de administrador de consensos, hoy reivindicada y reconocida como caso atípico de razones inéditas en los procesos económicos de contingencias, Milagros Ortiz, abanderada de la frugalidad y transparencia administrativa, Hugo Tolentino Dipp, Tirso Mejía Ricart e Ivelisse Pratts, paradigmas de enterezas y dedicaciones a la construcción de los valores de nuestra nacionalidad, Ramón Alburquerque, ejemplo de capacidad al servicio del Estado y de los más caros intereses nacionales, Guido Gómez Mazara, fenómeno de la nueva inteligencia política que surge como valor de tenacidad y lealtad, Luis Abinader, ejemplo de la formación en las capacidades y calidades administrativas, entre otros, han de escrutar la realidad de lo necesario que viene a ser convocar a un Consenso Nacional, que permita la reconducción política de Nuestra Nación, de sus instituciones, de sus hechos políticos, sobre el que entendemos nosotros que Hatuey Decamps reúne el conjunto de experiencias, confiabilidad, y valores oportunos para dirigir una reconducción política con la firmeza propia que demanda el tiempo que nos acontece.
Además de sus experiencias de Estado probadas, estas constituyen un par lógico de convincetes razones para convocarlo a un proyecto de consenso interpartidario, con el respaldo de las múltiples categorías de organizaciones activas en nuestra sociedad, para que nos propongamos un consenso político que dé al traste con los inconvenientes generados por los compromisos impropiamente ilegítimos, desbordantes del equilibrio económico, desestabilizadores de la paz social, corruptores de la sana administración de los intereses públicos generales, antivalores que hoy hacen olas tormentosas en la sociedad dominicana y cuyo control, de no ser armado un proceso de ajustes consensuados entre las distintas entidades políticas y sociales en general que orientan y conducen los truculentamente diezmados intereses colectivos de nuestro conjunto social más sensitivo, ante las desavenencias económicas del momento, semilla esta que a su vez genera y extiende e irradia sin límites la onda de inseguridad y de contagiosa criminalidad que impulsa al administrador del Estado a practicar este nivel de represión sin medidas, convertido en vorágine incontrolada.
Una administración basada en un diálogo sin exclusiones, sin prejuicios, libre de intereses encontrados, libre de amenazantes propulsiones de retaliaciones políticas, puede reconducirnos a un proceso seguro de recomposiciones y ajustes capaces de garantizar la estabilidad social, económica, institucional y política que ameritamos en este momento en el que nuestro país se halla enrutado sobre una muy frágil estabilidad, amenazada por perturbaciones anunciadas y prestas a fermentarse explosivamente, como vinos infestados de contaminaciones fungosas indeseadas.
La Ruta tiene que ser Corregida, debe ser Corregida, el PRSD, El Partido del Toro, aporta la Fuerza de la Corrección, Hatuey De Camps representa el Equilibrio Sin Compromisos que no sean otros que los contraídos con los intereses de La Patria, sin ambiciones, probado en la administración de Estado, sin nepotes, sin amarres, sin temor, sin deudas sociales con ningún sector político o social sean estos de la vanguardia o de la sana tradición histórica y moral. El Consenso Nacional, Hatuey De Camps lo puede garantizar.
Por Otro lado, Miguel Vargas, exitoso y próspero dirigente empresarial, convencido del valor social de su entrega personal a la sana administración del Estado, involucrado en la dirección administrativa del Partido Revolucionario Dominicano, PRD, desde hace años, ha pasado a la Presidencia misma de la organización, imprimiéndole a ésta, un carácter disciplinario harto centralizado, impropio, sinembargo, de los tradicionales liberalismos enraizados entre las disidencias internas de este partido.
Esas raíces que soportan esa libertad de acción, diversidad de criterios polícos, y, -muy importante-, las reales oportunidades de ascender y de presentarse a cualquier candidatura, han anclado las siglas y la escencia política, social y cultural del PRD en la mente y el subconsciente colectivo de la ciudadanía dominicana, saberse bautizado de perredeísta deviene en sentirse libre de ataduras fundamentalistas, es como sentirse un cristiano con derecho a bailar, cantar y vestir pantalones modernos ajustados a sus medidas.
Hatuey De Camps, por su lado, como administrador de múltiples procesos políticos, ha tomado distancia de los compromisos que suelen ser arrebatados sin contar con las razones jurídicas y la sensatez política.
Hipólito Mejía, con su acendrada experiencia de administrador de consensos, hoy reivindicada y reconocida como caso atípico de razones inéditas en los procesos económicos de contingencias, Milagros Ortiz, abanderada de la frugalidad y transparencia administrativa, Hugo Tolentino Dipp, Tirso Mejía Ricart e Ivelisse Pratts, paradigmas de enterezas y dedicaciones a la construcción de los valores de nuestra nacionalidad, Ramón Alburquerque, ejemplo de capacidad al servicio del Estado y de los más caros intereses nacionales, Guido Gómez Mazara, fenómeno de la nueva inteligencia política que surge como valor de tenacidad y lealtad, Luis Abinader, ejemplo de la formación en las capacidades y calidades administrativas, entre otros, han de escrutar la realidad de lo necesario que viene a ser convocar a un Consenso Nacional, que permita la reconducción política de Nuestra Nación, de sus instituciones, de sus hechos políticos, sobre el que entendemos nosotros que Hatuey Decamps reúne el conjunto de experiencias, confiabilidad, y valores oportunos para dirigir una reconducción política con la firmeza propia que demanda el tiempo que nos acontece.
Además de sus experiencias de Estado probadas, estas constituyen un par lógico de convincetes razones para convocarlo a un proyecto de consenso interpartidario, con el respaldo de las múltiples categorías de organizaciones activas en nuestra sociedad, para que nos propongamos un consenso político que dé al traste con los inconvenientes generados por los compromisos impropiamente ilegítimos, desbordantes del equilibrio económico, desestabilizadores de la paz social, corruptores de la sana administración de los intereses públicos generales, antivalores que hoy hacen olas tormentosas en la sociedad dominicana y cuyo control, de no ser armado un proceso de ajustes consensuados entre las distintas entidades políticas y sociales en general que orientan y conducen los truculentamente diezmados intereses colectivos de nuestro conjunto social más sensitivo, ante las desavenencias económicas del momento, semilla esta que a su vez genera y extiende e irradia sin límites la onda de inseguridad y de contagiosa criminalidad que impulsa al administrador del Estado a practicar este nivel de represión sin medidas, convertido en vorágine incontrolada.
Una administración basada en un diálogo sin exclusiones, sin prejuicios, libre de intereses encontrados, libre de amenazantes propulsiones de retaliaciones políticas, puede reconducirnos a un proceso seguro de recomposiciones y ajustes capaces de garantizar la estabilidad social, económica, institucional y política que ameritamos en este momento en el que nuestro país se halla enrutado sobre una muy frágil estabilidad, amenazada por perturbaciones anunciadas y prestas a fermentarse explosivamente, como vinos infestados de contaminaciones fungosas indeseadas.
La Ruta tiene que ser Corregida, debe ser Corregida, el PRSD, El Partido del Toro, aporta la Fuerza de la Corrección, Hatuey De Camps representa el Equilibrio Sin Compromisos que no sean otros que los contraídos con los intereses de La Patria, sin ambiciones, probado en la administración de Estado, sin nepotes, sin amarres, sin temor, sin deudas sociales con ningún sector político o social sean estos de la vanguardia o de la sana tradición histórica y moral. El Consenso Nacional, Hatuey De Camps lo puede garantizar.
miércoles, 9 de junio de 2010
PRSD, LA RUTA CORREGIDA, XI ...LA RIESGOSA REELECCIÓN QUE BUSCA LEONEL
Leonel Antonio Fernández Reyna, como José Francisco Antonio Peña Gómez, ambos iniciaron su escalamiento social a partir de sus respectivas vocaciones por el aprendizaje escolar, ambos muchachos iniciaron sus crecimientos entre los límites de la pobreza.
Mulatos inteligentes y sobresalientes en su formación, capaces de llamar la atención por distinguirse por donde quiera que les tocó llegar y que se dejara conocer alguna señal del virtuosismo de sus razonamientos, unas veces dejando fijados comportamientos anecdóticos o simplemente separándo sus reacciones intelectuales de la edad correspondiente.
Ambos incursionaron en la vida política precózmente, ambos se hicieron abogados, ambos han destacado por sus capacidades discursivas, ambos fueron detectados y privilegiados por la sabiduría y la confianza de Don Juan Bosch, ambos les sobrepasaron por muchos codos a los viejos dirigentes, intelectuales, prácticos, ricos, revolucionarios y teóricos del partido, ambos han sentado cátedras de organización exitosa de sus estrategias polìticas, ambos han sido fanaticos exitosos de las relaciones y consensos internacionales de dirigentes mundiales muy importantes, mereciendo toda suerte de respeto y reconocimientos.
Ambos hubieron de tomar distancias de los afanes por acumular fortunas propias.
Ambos han alcanzado a conquistar el carisma popular y la confinza de la oligarquía.
La historia de éxitos de Leonel Antonio Fernández Reyna, hoy parece amenazada por la voces que en todos los tiempos exaltan por encima de la realidad a los reyes y faraones, sinembargo, Leonel puede crecerse una vez más, desoyendo voces enrarecidas.
La presidencia de República es una posición que concede un título que honra, pero que puede ser manchado y hasta achicharrado por el calor de la luces rojas que advierten los peligros, pero su mensajes de vida son despreciados buscando seguir y seguir sin hacer las prudentes paradas.
La historia de Leonel Antonio Fernández Reyna como presidente de República Dominicana, ya tiene sitio reconcido en cualquier definición pública del mundo moderno concensuado.
La historia de José Francisco Peña Gómez no precisó de que él alcanzara a presidir el gobierno de Repùblica Dominicana para alcanzar a colocar su dignidad entre las de más alto rango en la monarquía de la historia de los pro-hombres dominicanos y americanos al dejar bien afirmadas sus contribuciones políticas, sociales, y culturales frente al pueblo y frente a la consolidación democrática del Estado Dominicano, de su cultura política así como entre los hombres de la historia mundial de los consensos políticos regionales, continentales e intercontinentales.
Sinembargo, Leonel Antonio sigue al frente del escenario mundial con tanto tiempo futuro para acumular éxitos, como el de un exitoso grandes ligas al momento de iniciar los contratos multi millonarios comprometido a alejarse militantemente de los anabólicos, de los escándalos e irregularidades de cualquier índole capaces de trastornar sus records, de los excesos festivos, de las veladas nocturnas en lugares inseguros, de los acompañamientos que puedan afectar su buen nombre, el de su familia, el de sus demás compatriotas, el de su equipo, el de la liga y el de sus patrocinadores.
Leonel Antonio Fernández Reyna tiene hoy mucho que perder puesto en manos de decisiones tan arriesgadas como la de una imprudente nueva postulación a la presidencia de La República, contraviniendo lo legítimo, lo sensato, lo sabio y lo sano. A Leonel Antonio Fernández Reyna lo invitamos a cuidar su ruta, a preservar sus logros, su historia y su nombre.
Lo invitamos a respaldar un nuevo canditato capaz de reconocer sus merecimientos como dirigente político y como gobernante, capaz de señalarle las imperfecciones de su modelo de gobierno, -muchísimas, sin dudas-, conservador del Estado Rancio y Desequilibrado, y capaz de reconocerle, por ejemplo, sus inclinaciones democráticas tendentes a respetar, en la buena lid internacional, el derecho de los pueblos a su autodeterminación.
Quizás sea Hatuey De Camps Jiménez, junto a Leonel Fernández y José Francisco Antonio Peña Gómez, la tercera y pareja pata de la mesa de la Historia Política Dominicana heredera de de los principios, de la formación, de los métodos y de los valores patrióticos heredados de Juan Emilio Bosch Gabiño, quien logre reunir en un consenso nacional, el respaldo de todas las fuerzas políticas para encabezar un gobierno de reajustes políticos, que den al traste con los históricos vicios electorales que impiden reconstruir la credibilidad moral de los de esos procesos que son recursos democráticos dignos de mejores consideraciones frente al ciudadano, espectador y actor aguzado que descree hoy de cualquier verdad conceptual sobre sus instituciones más legítimas.
Hatuey De Camps puede Corregir La Ruta de la Reconstrucción de la confianza en Nuestra Democracia.
Mulatos inteligentes y sobresalientes en su formación, capaces de llamar la atención por distinguirse por donde quiera que les tocó llegar y que se dejara conocer alguna señal del virtuosismo de sus razonamientos, unas veces dejando fijados comportamientos anecdóticos o simplemente separándo sus reacciones intelectuales de la edad correspondiente.
Ambos incursionaron en la vida política precózmente, ambos se hicieron abogados, ambos han destacado por sus capacidades discursivas, ambos fueron detectados y privilegiados por la sabiduría y la confianza de Don Juan Bosch, ambos les sobrepasaron por muchos codos a los viejos dirigentes, intelectuales, prácticos, ricos, revolucionarios y teóricos del partido, ambos han sentado cátedras de organización exitosa de sus estrategias polìticas, ambos han sido fanaticos exitosos de las relaciones y consensos internacionales de dirigentes mundiales muy importantes, mereciendo toda suerte de respeto y reconocimientos.
Ambos hubieron de tomar distancias de los afanes por acumular fortunas propias.
Ambos han alcanzado a conquistar el carisma popular y la confinza de la oligarquía.
La historia de éxitos de Leonel Antonio Fernández Reyna, hoy parece amenazada por la voces que en todos los tiempos exaltan por encima de la realidad a los reyes y faraones, sinembargo, Leonel puede crecerse una vez más, desoyendo voces enrarecidas.
La presidencia de República es una posición que concede un título que honra, pero que puede ser manchado y hasta achicharrado por el calor de la luces rojas que advierten los peligros, pero su mensajes de vida son despreciados buscando seguir y seguir sin hacer las prudentes paradas.
La historia de Leonel Antonio Fernández Reyna como presidente de República Dominicana, ya tiene sitio reconcido en cualquier definición pública del mundo moderno concensuado.
La historia de José Francisco Peña Gómez no precisó de que él alcanzara a presidir el gobierno de Repùblica Dominicana para alcanzar a colocar su dignidad entre las de más alto rango en la monarquía de la historia de los pro-hombres dominicanos y americanos al dejar bien afirmadas sus contribuciones políticas, sociales, y culturales frente al pueblo y frente a la consolidación democrática del Estado Dominicano, de su cultura política así como entre los hombres de la historia mundial de los consensos políticos regionales, continentales e intercontinentales.
Sinembargo, Leonel Antonio sigue al frente del escenario mundial con tanto tiempo futuro para acumular éxitos, como el de un exitoso grandes ligas al momento de iniciar los contratos multi millonarios comprometido a alejarse militantemente de los anabólicos, de los escándalos e irregularidades de cualquier índole capaces de trastornar sus records, de los excesos festivos, de las veladas nocturnas en lugares inseguros, de los acompañamientos que puedan afectar su buen nombre, el de su familia, el de sus demás compatriotas, el de su equipo, el de la liga y el de sus patrocinadores.
Leonel Antonio Fernández Reyna tiene hoy mucho que perder puesto en manos de decisiones tan arriesgadas como la de una imprudente nueva postulación a la presidencia de La República, contraviniendo lo legítimo, lo sensato, lo sabio y lo sano. A Leonel Antonio Fernández Reyna lo invitamos a cuidar su ruta, a preservar sus logros, su historia y su nombre.
Lo invitamos a respaldar un nuevo canditato capaz de reconocer sus merecimientos como dirigente político y como gobernante, capaz de señalarle las imperfecciones de su modelo de gobierno, -muchísimas, sin dudas-, conservador del Estado Rancio y Desequilibrado, y capaz de reconocerle, por ejemplo, sus inclinaciones democráticas tendentes a respetar, en la buena lid internacional, el derecho de los pueblos a su autodeterminación.
Quizás sea Hatuey De Camps Jiménez, junto a Leonel Fernández y José Francisco Antonio Peña Gómez, la tercera y pareja pata de la mesa de la Historia Política Dominicana heredera de de los principios, de la formación, de los métodos y de los valores patrióticos heredados de Juan Emilio Bosch Gabiño, quien logre reunir en un consenso nacional, el respaldo de todas las fuerzas políticas para encabezar un gobierno de reajustes políticos, que den al traste con los históricos vicios electorales que impiden reconstruir la credibilidad moral de los de esos procesos que son recursos democráticos dignos de mejores consideraciones frente al ciudadano, espectador y actor aguzado que descree hoy de cualquier verdad conceptual sobre sus instituciones más legítimas.
Hatuey De Camps puede Corregir La Ruta de la Reconstrucción de la confianza en Nuestra Democracia.
sábado, 5 de junio de 2010
PRSD, LA RUTA CORREGIDA, X ...DESESTABILIZACIÓN DE LA INSTITUCIONALIDAD POR LOS GOBERNANTES
Los efectos desestabilizadores que conllevan los procesos eleccionarios en los cuales se postula para presidir el Gobierno del Estado al Presidente en vigencia, no se han hecho esperar.
El escaso respeto que históricamente le han profesado los gobernantes dominicanos a la isntitucionalidad estatal, hace prever con suma certeza que los arrebatos del poder intentarán imponerse mediante cualquier suma de desafueros a las reglas constitucionales.
El último proceso, fué más allá de lo previsto hasta por la dirigencia del Partido Oficial, es decir, se les fué de la mano el control del poder de los actores y las acciones que éstos, prevalidos de los recursos puestos a su disposición, pudieron ejecutar, quebrando cualquier record histórico, atribuíble a cualquier gobierno o partido, en materia de truchimanerías pseudolegales o ilegales, menospreciando así la legitimidad protolegal de una sociedad dominicana herida por los históricos abusos de poder, hoy exacerbados por las distorsiones que a la democracia le generan los acomodamientos graciosos que hace El Estado a las fuerzas económicas cuando se siente compelido a retener el poder "a jacha y machete".
Nada nos indica, sinembargo, que sólo un cambio de nombre en la Presidencia del Estado, vaya a corregir la inestabilidad surgida tras el recien celebrado proceso comicial.
Precisamos de cambios en la confianza que se diluye y se gasta, afectada de procesos de repostulaciones, fallidas o no, en cuanto a sus inmediatos propósitos de poder. Las propuestas que procuren enderezar los entuertos generados, deben ser nuevas, equilibradas y convincentes. Un proyecto de ajustes económicos, políticos e institucionales, deberá estar encabezado por un dirigente con capacidad de equidistancias, respetable, enérgico y libre de sospechas con respecto a los impenitentes deseos de repetir o acomodarle a algún alterno complaciente el asiento presidencial.
Un acuerdo mayoritario, de consenso, que busque el reencausamiento del perfil arreico de nuestra democracia, incapaz de regar con rendimientos sus virtudes sociales, tras el estrangulamiento de que viene siendo objeto por los vicios de las imposiciones y sumisiones de la colusión que la mantiene infestada.
Una solución apropiada que queremos proponerle a toda la sociedad dominicana, incluyendo a todos los partidos políticos que así reconozcan la verdad incólume de las obsevaciones que acabamos de hacer, es que para las elecciones del 2012 sea convocado un candidato de consenso, capaz de respetar los espacios democráticos adquiridos de todos los participantes, capaz de garantizar un claro rechazo a la formación de un gobierno cargado de nepotes políticos.
El Sujeto cargado con esas propiedades, quizás sea posible hallarlo entre las experiencias de Estado acumuladas por uno que otro político con formación y capacidad para las demandas de estos tiempos.
Nosotros pensamos que el conjunto de argumentos mejor formulados para desarrollar una experiencia democrática de ese calibre, son los que cargan las alforjas políticas de Hatuey De Camps, quien, hoy por hoy, luce ser el dirigente político mejor pulido, de formación fundada en experiencias de estado, de organización y de firme convicciones frente a un equilibrio que respeta el dinamismo de los tiempos, los conciertos nacionales y una vastísima experiencia como organizador internacional.
Creemos sinceramente en la solución que proponemos, la cual garantizaría una sólida estabilidad democrática ante un clima de distensión general que facilitará el curso de los ajustes sociales que hoy se balancean sobre una frágil y movediza línea de equilibrio metaestable, una Ruta que puede y debe ser corregida.
El escaso respeto que históricamente le han profesado los gobernantes dominicanos a la isntitucionalidad estatal, hace prever con suma certeza que los arrebatos del poder intentarán imponerse mediante cualquier suma de desafueros a las reglas constitucionales.
El último proceso, fué más allá de lo previsto hasta por la dirigencia del Partido Oficial, es decir, se les fué de la mano el control del poder de los actores y las acciones que éstos, prevalidos de los recursos puestos a su disposición, pudieron ejecutar, quebrando cualquier record histórico, atribuíble a cualquier gobierno o partido, en materia de truchimanerías pseudolegales o ilegales, menospreciando así la legitimidad protolegal de una sociedad dominicana herida por los históricos abusos de poder, hoy exacerbados por las distorsiones que a la democracia le generan los acomodamientos graciosos que hace El Estado a las fuerzas económicas cuando se siente compelido a retener el poder "a jacha y machete".
Nada nos indica, sinembargo, que sólo un cambio de nombre en la Presidencia del Estado, vaya a corregir la inestabilidad surgida tras el recien celebrado proceso comicial.
Precisamos de cambios en la confianza que se diluye y se gasta, afectada de procesos de repostulaciones, fallidas o no, en cuanto a sus inmediatos propósitos de poder. Las propuestas que procuren enderezar los entuertos generados, deben ser nuevas, equilibradas y convincentes. Un proyecto de ajustes económicos, políticos e institucionales, deberá estar encabezado por un dirigente con capacidad de equidistancias, respetable, enérgico y libre de sospechas con respecto a los impenitentes deseos de repetir o acomodarle a algún alterno complaciente el asiento presidencial.
Un acuerdo mayoritario, de consenso, que busque el reencausamiento del perfil arreico de nuestra democracia, incapaz de regar con rendimientos sus virtudes sociales, tras el estrangulamiento de que viene siendo objeto por los vicios de las imposiciones y sumisiones de la colusión que la mantiene infestada.
Una solución apropiada que queremos proponerle a toda la sociedad dominicana, incluyendo a todos los partidos políticos que así reconozcan la verdad incólume de las obsevaciones que acabamos de hacer, es que para las elecciones del 2012 sea convocado un candidato de consenso, capaz de respetar los espacios democráticos adquiridos de todos los participantes, capaz de garantizar un claro rechazo a la formación de un gobierno cargado de nepotes políticos.
El Sujeto cargado con esas propiedades, quizás sea posible hallarlo entre las experiencias de Estado acumuladas por uno que otro político con formación y capacidad para las demandas de estos tiempos.
Nosotros pensamos que el conjunto de argumentos mejor formulados para desarrollar una experiencia democrática de ese calibre, son los que cargan las alforjas políticas de Hatuey De Camps, quien, hoy por hoy, luce ser el dirigente político mejor pulido, de formación fundada en experiencias de estado, de organización y de firme convicciones frente a un equilibrio que respeta el dinamismo de los tiempos, los conciertos nacionales y una vastísima experiencia como organizador internacional.
Creemos sinceramente en la solución que proponemos, la cual garantizaría una sólida estabilidad democrática ante un clima de distensión general que facilitará el curso de los ajustes sociales que hoy se balancean sobre una frágil y movediza línea de equilibrio metaestable, una Ruta que puede y debe ser corregida.
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