sábado, 7 de julio de 2012

PRSD, LA RUTA CORREGIDA, XLI, LUCHA INTERNA DENTRO DEL PRD

El proceso de lucha interna que viene verificándose en el PARTIDO REVOLUCIONARIO DOMINICANO, PRD, no constituye una casualidad histórica, ninguna fortuidad o excepción de la  lógica en la  evolución del cultivo político de su plantación original, de sus  extensiones y sus subsecuentes temporadas de cosechas, selección de frutos y distribución de los mismos.

Desde que  Juan Bosch se sintió compelido a autoexiliarse, luego  de la Revuelta cívico-militar  de Abril del  65, el PRD  se vió obligado  a  adoptar  líneas de avenencias  políticas impuestas a  través de los poderes militares y diplomáticos de Estados  Unidos, llevando así al PRD, a convertirse en  un instrumento ideal como entente política  frente a las efervescentes inconformidades populares generadas en la forma de conducir El Estado que conducía Joaquín Balaguer  siguiendo el diseño tutelar e imperial de Estados Unidos.

El propio Juan Bosch fue inducido a impulsar la reconducción ideológica de su partido, el cual  él mismo,  juntoa  a  otros, había fundado.

Los  planteamientos de  la  joven dirigencia que  emergía oxigenada  por los aires de  cambios revolucionarios, contrapuestos a las  asonadas militares y ocupaciones impuestas por  designios  imperiales, al desmantelamiento  del aparato productivo estatal y convertidos en defensores de las  reivindicaciones sindicales,  la libertad de expresión, etc., fueron  reprimidos firme e insesantemente, varios de los dirigentes que así se pronunciaron, fueron calificados como "garrapatas  del Buey" (siendo  el  buey uno de los  signos alegóricos más influyentes del PRD).

Se inició la "desgarrapatización" del  "Buey que más Jala", varios de sus  dirigentes fueron  estigmatizados como "garrapatas comunistas" que, según proclama el mismo  Juan Bosch,  "pretendían  infestar con sus ideas a todo el ganado de sanos  bueyes y becerros" que estarían siendo adiestrados para ser vacunados contra esas influencias demoníacas y totalitarias denunciadas así por el mismo presidente y conductor del  partido.

Para ser librados de esas influencias, algunos de los jóvenes que surgían con sobresalientes condiciones de liderazgo  y formación que ya marcaba auspiciosas  diferencias  con respecto al rebaño pero que se les miraba como amenazados de ser infectados con tan peligrosa plaga, fueron enviados a Europa  y otras regiones donde pudieran ser "protegidos".

El  PRD  iba así siendo moldeado cuidadosa  y  certeramente como un contrapeso político acomodado  al  régimen balaguerista  que se fortalecía, sacrificaba y enviaba al exilio a la dirigencia de otras denominaciones  más contestatarias, sin  embargo, se hacia  evidente cada  vez más que sus  líneas se iban  acomodando  al entramado del  conservadurismo político  que se tallaba  bajo los formones de la presión ejercida  por los  vencedores de  hecho tras  la revuelta del  Abril del  1965.

Luego del retorno desde  su autoexilio en Benidorn, España,  Juan Bosch puso en circulación una propuesta  política contenida en  forma  de libro su  teoría  política denominada "Dictadura con Respaldo Popular", una adaptación hibridada entre las  prácticas de la  Democracia Representativa adoptada por el  mundo  capitalista como forma ajustada  a sus  paradigmas económicos y la  Dictadura del  Proletariado, sustentada como forma  de socialización de la economía Estado  por el  mundo de los pensadores pro socialistas.

Ya era tarde, esas  ideas de Bosch  resultaron extemporáneas ante los  limitados  grados  de libertad que ya se  permitían entronizar en  la sociedad dominicana,  apretada con los torniquetes del  modelo imperial occidental que se  afirmaba cada vez más apoyado en la tradicional influencia del capital  extranjero norteamericano y el propio dominicano, este siempre amarrado  a  aquel desde siglos atrás, como  poder patronal sobre todas las  actuaciones del Estado.

Mientras ello  ocurría, un hecho inusitado vino a  precipitar las inconveniencias  y  contradicciones internas que las  nuevas  teorías, nunca  asimiladas, se  planteaban  en los conversatorios teóricos dentro del  PRD: el arribo de un  minúsculo  grupo de guerrilleros, encabezados por Francisco Alberto Camaño, vino  a precipitar  las  incompatibilidades que señalaban  la  críticas relaciones  entre los seguidores del nuevo boschismo y el ya acendrado pensamiento pro-liberal  encabezado por empresarios e intelectuales que nunca atendieron ni entendieron las propuestas contenidas en los  nuevos  asertos teóricos de la  nombrada "Dictadura con Respaldo Popular" de Juan Bosch.

Asi marcadas ya las incompatibilidades precipitadas  por los pronunciamientos inconsultos de Juan Bosch negando la presencia de Camaño junto al brote guerrillero, el disgusto interno explotó y Juan Bosch anunció su imposibilidad de alcanzar  a  contemporizar  con  la dirigencia y con las bases del partido  que había fundado, conducido y presidido. Las divergencias concluyeron con la salida pura y simple de Juan Bosch y de un  grupo de partidarios que salieron a funda un nuevo partido político. Cinco años  más tarde, en el año 1978, el PRD, de  manos de  José Francisco Peña Gómez, alcanzó el  poder con Don Antonio Guzmán ascendiendo a la Presidencia del  Estado.

Las contradicciones  entre sus más  renonantes dirigentes, surgidas  a raíz de la lucha electoral interna por la candidatura presidencial, se exacerbaron hasta  el extremo de que,  una vez convertido  Salvador Jorge Blanco  en presidente electo, contradictor acérrimo del  propio presidente Don Antonio Guzmán, este termina  suicidándose, cuarentaicinco días  antes de entregar su posición de Presidente al nuevo gobernante recién electo en representación  de su propio partido, el PRD.

Tan  tortuosas fueron las contradicciones internas  que se acrecentaron durante el nuevo gobierno de Jorge Blanco de  frente al entonces senador Jacobo Majluta, que la conciliación nunca pudo ser verificada, hasta que llegadas las próximas elecciones, en las que Majluta parecía el seguro ganador, finalmente condujeron a Salvador Jorge  Blanco a pronunciar un discurso en  el  cual concedía su reconocimiento al supuesto triunfo de Joaquín Balaguer en unas elecciones en las que las diferencias estarían basadas  en  unos votos observados  que nunca fueron contados.

Joaquín Balaguer fue  entronizado de nuevo en el  poder y desde allí manipuló los hilos de  las lides internas  del PRD, hasta el  extremo de  empujarlo a una división interna que  impidió su  participación electoral, donde Jacobo Majluta y Peña Gómez hacían jifas del monumental PRD, mientras Salvador Jorge Blanco se las veía  con las  paredes de la cárcel acusado de marversación de fondos  públicos, mientras otros  dirigentes huían de las amenazas del gobierno balaguerista.

Asi debilitado, siguió Balaguer en  el poder  tras las elecciones del 1990  en las que se fortaleció  de modo agigantada la  militancia  del  PLD, tras el voto sumiso,  consecuente y  emotivo de los  seguidores de Peña  Gómez,  inducidos por este mediante sugerencias indirectas a las bases que les  profesaban sus  simpatías  incondicionales.

Así, maltrecho, en 1994, apabullado pero aun dueño de  su  más  firme militancia,  el PRD, ahora con Peña Gómez  como  candidato, intenta ganar  el  poder, logra  el  respaldo electoral pero  el arrebato escenificado mediante  los consabidos  fraudes contra las  actas de votación, condicionado en  los  irremediados  descréditos y dudas concentrados en la sociedad del  poder, que nunca estuvieron de su lado, activaron  el brazo  largo  de Joaquín Balaguer  quien maniobró hasta tronchar todas  las aspiraciones presidenciales del destacado  dirigente perredeísta y facilitando la llegada del  PLD  al  poder  luego de una serie de negociaciones  erráticas cargadas  de ingenuidades  políticas frente  a un  batido  zorro  como lo fue Joaquín Balaguer.

Finalmente, fué posible una nueva oportunidad  de poder cuando  Hipólito  Mejía  ascendió a  la presidencia  al derrotar al PLD. Una  forzada modificación de  la  constitución  viabilizó el  intento de reeleción  presidencial  de  Hipólito Mejía,  Hatuey  De Camps,  entonces presidente del PRD,  se opuso radicalmente a la  misma  y llamó  a no  votar por el  proyecto reeleccionista del candidato Hipólito Mejía, abandonaba así  al partido,  abriendo  otra fisura irreparable, siendo al  momento, el más connotado líder del  partido, de acendrada formación e historial político inigualado.

Pronto vino la  lucha por  la precandidatura presidencial,  Milagros Ortiz y  Miguel Vargas pasaron a disputarse la  decisión de la  militancia perredeísta reconocida por su  inquebrantable fidelidad a su partido,  Milagros  Ortiz,  la candidata que ante los medios parecía llevar todas las de ganar, fué derrotada,  no sin  antes denunciar la mano  enemiga del gobierno en  el manejo de los resultados  electorales internos.

Años  más tarde, de frente al  nuevo proceso electoral, Miguel  Vargas fue derrotado por Hipólito Mejía en  las primarias internas del  PRD,  una vez  más, la  mano auspiciosa del  gobierno fue denunciada como responsable de  los  resultados electorales  de dicha convención electoral.

La respuesta fue la negativa de Miguel Vargas a sumarse  a la campaña electoral para la  candidatura presidencial  del PRD que auspiciaba  al  mismo Hipólito  Mejía.   Las contradicciones históricas  internas en el PRD  son una consecuencia lógica  de  su  estructura organizacional,  la permeabilidad de sus pactos fundamentales, sus  estatutos,  la lasitud de sus decisiones, la escasa formación y cultivo de las prácticas disciplinarias a la  que ha  sido aconstumbrada su militancia de base y su escasa vocación de poder,  acostumbrados ya a su condición de partido opositor.

Sin embargo, la Ruta política por  la que ha de conducirse el PRD,  puede ser corregida, debe ser corregida, tiene que ser corregida si su dirigencia pretende que  se mantenga el alto nivel de influencia que todavía  hace que  este  partido gravite sobre  la sociedad política  dominicana como una religión  con caracteres hereditarios, genéticos, como hasta ahora ha parecido que  fuese.

Las  mutaciones,  sin embargo,  son posibles y forman parte del tinglado  natural de las sociedades biológicas.  Estas mutaciones se corresponden teorícamente con los límites  de los  esfuerzos a los que  son sometidas las especies cuando están por extinguirse.

Ojalá que la mutación que  afecte a PRD no resulte de una manipulación externa, una manipulación transgénica, incompatible con la moderada democracia social que ideológicamente le sirve de marco teórico y popular. Ojalá la Ruta sea  La  Ruta Corregida eficázmente, a  tiempo.