BLOQUE NACIONAL POR LA RECUPERACIÓN DEL PODER
Miguel Octavio Vargas Maldonado y Rafael Hipólito Mejía Domínguez, dos dirigentes empresariales que decidieron extender sus esfuerzos, voluntades y virtudes mercadológicas hacia la actividad política partidaria escoltando al gran visionario ideológico y social José Francisco Antonio Peña Gómez, un maestro escolar quien luego llegó a ser abogado desde donde extendió toda la envergadura de sus alas de firmes y altos vuelos sobre el tortuoso cerro de la militancia política partidaria del país suyo y nuestro, República Dominicana desde el Partido Revolucionario Dominicano, PRD.
Sin embargo, la vocación buenaventurosa que condujo al éxito empresarial de aquellos dos triunfadores en los ruedos de los mercados ha bien mostrado su incompatibilidad existencial con respecto a la administración de los fundamentos ideológicos y sociales de las esencias del pensamiento democrático que priman en la configuración de un partido político de raíces, motivaciones y razones populares como son las del Partido Revolucionario Dominicano, PRD.
Ambos dirigentes, Vargas Maldonado y Mejía Dominguez, respiran el aire dichoso que desde sus pulmones exhalan las conveniencias del lucro capitalista, un privilegio que no objetamos, pues en nuestra sociedad de tradiciones importadas desde la herencia del histórico feudalismo europeo, casi todos la bendecimos y rendimos cultos divinos. Sin embargo, desde el sabio aserto bíblico advertimos la voz de Nuestro Señor Jesucristo señalándonos que es imposible servir a dos señores a la vez.
Los intereses administrados por el afán de lucro capitalista es incompatible con la sanidad y el equilibrio al que se obliga un "Hombre de Estado", un pensador de convicciones democráticas populares, un luchador en favor de la preservación y garantías de derechos colectivos y personales al estilo de Peña Gómez.
Hoy, como es natural, ambos dirigentes siguen la lógica de su formación ya madura, pensando y actuando como ministros de sus propias causas privadas, el lucro de sus empresas personales y familiares ocupa sus respectivos modos de dirigir sus actos, sus pensamientos y sus intereses, siempre alejados y resistentes a la flexibilidad social demandada por la impronta popular de nuestra sociedad de clases media y baja.
Tanto Mejía Dominguez como Vargas Maldonado encaminan sus pasos siguiendo la lógica infalible de sus victorias empresariales, el crecimiento de sus poderes económicos respectivos a través de sus suertes como expertos manejadores de los rendimientos de los que saben servirse para facilitar el lícito enriquecimiento que permiten los capitales bancarios.
Bien por ellos pero mejor aun sería que sigan sus instintos virtuosos y eviten los conflictos de intereses ideológicos incompatibles entre sí, la adoración a dos dioses distintos, uno, el de la acumulación ilimitada de bienes de sus empresas personales y el otro el de los intereses colectivos de las grandes mayorías nacionales dirigidos al crecimiento humano masivo, al acompañamiento de la justicia social y a la expansión del bienestar común.
Hatuey De Camps Jiménez, quien junto a Juan Bosch y Peña Gómez, constituye una de las patas de esa única trilogía sentada a la mesa del ideario y la práctica política mejor cultivada en la lógica popular de la historia moderna del pensamiento y la concepción del Estado Dominicano, sigue siendo la opción natural casi obligada y única para conducir la recomposición del equilibrio roto y disperso de el otrora apodado El Partido del Pueblo, el PRD.
Como conductor y armador experto en materia de concertaciones históricas dentro de esa organización política desde casi su instalación en nuestro país, es este dirigente de excepcionales capacidades y luchador de tiempo completo por la democracia grande y amplia, el gurú de la recuperación del poder político que hoy descansa atomizado entre las huestes de la oposición al amenazante propósitos de la perpetuación dictatorial del PLD en el poder administrativo de la Nación Dominicana.
Hatuey De Camps, por tanto, debe conducir el Bloque Nacional de la Recuperación del Poder que ha de incluir todas las partes del PRD como reonocido mayor partido del sistema democrático dominicano.
Todas las denominaciones políticas contestes con la Gran Democracia, la dirigida al sostenimiento de las libertades públicas y los derechos de la más amplia colectividad nacional, han de sumarse a este esfuerzo por la preservación de la democracia amenazada.
El parto triunfal de este proceso de gestación de ese gran Bloque Nacional de la Recuperación del Poder, ha de ser el fruto de del convencido esfuerzo por la sensatez y madurez de todos los líderes de la democracia dominicana quienes han entregado su vida en aras de la democracia dominicana. Ramón Alburquerque, Milagros Ortiz, Guido Gómez, Esquea Guerrero, Ivelisse Pratts, Hugo Tolentino, Rafael Abinader, Rafael Vázquez, Julio Maríñez, Eligio Jáquez, Vicente Sánchez, Anibal García, Bernardo Jorge, y en fin, todos los dirigentes y militantes del PRD han de ser capaces de inteligir con sabiduría frente la necesidad de consolidar tempranamente este mecanismo, único visible ante la avalancha de mecanismos espurios que amenazan con la imposición de una dictadura de Altas Cortes que ya se nos viene encima. La Ruta tiene que ser Corregida.
Tanto Mejía Dominguez como Vargas Maldonado encaminan sus pasos siguiendo la lógica infalible de sus victorias empresariales, el crecimiento de sus poderes económicos respectivos a través de sus suertes como expertos manejadores de los rendimientos de los que saben servirse para facilitar el lícito enriquecimiento que permiten los capitales bancarios.
Bien por ellos pero mejor aun sería que sigan sus instintos virtuosos y eviten los conflictos de intereses ideológicos incompatibles entre sí, la adoración a dos dioses distintos, uno, el de la acumulación ilimitada de bienes de sus empresas personales y el otro el de los intereses colectivos de las grandes mayorías nacionales dirigidos al crecimiento humano masivo, al acompañamiento de la justicia social y a la expansión del bienestar común.
Hatuey De Camps Jiménez, quien junto a Juan Bosch y Peña Gómez, constituye una de las patas de esa única trilogía sentada a la mesa del ideario y la práctica política mejor cultivada en la lógica popular de la historia moderna del pensamiento y la concepción del Estado Dominicano, sigue siendo la opción natural casi obligada y única para conducir la recomposición del equilibrio roto y disperso de el otrora apodado El Partido del Pueblo, el PRD.
Como conductor y armador experto en materia de concertaciones históricas dentro de esa organización política desde casi su instalación en nuestro país, es este dirigente de excepcionales capacidades y luchador de tiempo completo por la democracia grande y amplia, el gurú de la recuperación del poder político que hoy descansa atomizado entre las huestes de la oposición al amenazante propósitos de la perpetuación dictatorial del PLD en el poder administrativo de la Nación Dominicana.
Hatuey De Camps, por tanto, debe conducir el Bloque Nacional de la Recuperación del Poder que ha de incluir todas las partes del PRD como reonocido mayor partido del sistema democrático dominicano.
Todas las denominaciones políticas contestes con la Gran Democracia, la dirigida al sostenimiento de las libertades públicas y los derechos de la más amplia colectividad nacional, han de sumarse a este esfuerzo por la preservación de la democracia amenazada.
El parto triunfal de este proceso de gestación de ese gran Bloque Nacional de la Recuperación del Poder, ha de ser el fruto de del convencido esfuerzo por la sensatez y madurez de todos los líderes de la democracia dominicana quienes han entregado su vida en aras de la democracia dominicana. Ramón Alburquerque, Milagros Ortiz, Guido Gómez, Esquea Guerrero, Ivelisse Pratts, Hugo Tolentino, Rafael Abinader, Rafael Vázquez, Julio Maríñez, Eligio Jáquez, Vicente Sánchez, Anibal García, Bernardo Jorge, y en fin, todos los dirigentes y militantes del PRD han de ser capaces de inteligir con sabiduría frente la necesidad de consolidar tempranamente este mecanismo, único visible ante la avalancha de mecanismos espurios que amenazan con la imposición de una dictadura de Altas Cortes que ya se nos viene encima. La Ruta tiene que ser Corregida.