viernes, 22 de octubre de 2010

PRSD, LA RUTA CORREGIDA, XV... CONSOLIDACIÓN DE LAS IDEAS POLÍTICAS EN EL PRSD

La Consolidación de la ideas políticas, luego de las agudas discusiones que suelen extenderse entre los pensadores, ideólogos, armadores y militantes del partido, en cualquier época de nuestra historia política universal, implica la recomposición de fuerzas, reformulación de las estrategias ideológicas y el rearreglamiento entre los contrarios que luchan por la prevalencia de sus propias concepciones sobre el hecho político y sus razones, las del poder y la conquista del mismo, y sobre la conveniencia sobre quien debe dirigir dichas conquistas.




Las Correcciones hechas sobre la Ruta seguida, obedece siempre, como un hecho dialéctico, a las manifestaciones de las contradicciones que surgen y van aniquilándose como escollos a menores o mayores plazos, tras caídas y subidas del espíritu por convencional que cíclicamente se presenta como onda que resuena entre los oídos de todos los actores y protagonistas en el escenario de beligerancias.



El hecho de procurar los arreglos sociales mediante la conciliación de intereses comunes, es esencialmente humano, sobretodo cuando las diferencias entre los intereses en contradicción no resultan sustancialmente opuestos, sino que se limitan a las ansias de dominación, como fenómeno antropológico.



Los intereses políticos entre los Partidos de nuestra tradición regional, propios de sociedades convulsas, regenteadas por colonos y encomenderos, que son los mismos que los intereses por el dominio o poder en la dirección del Estado y de los beneficios que de este hecho se desprenden, como el de las ventajas materiales y sociales que a partir de ello se acumulan.



No existen visos de luchas de clases promovidas por Partidos como el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), Partido de la Liberación Dominicana, (PLD), Partido Revolucionario Social Demócrata (PRSD), Partido Revolucionario Independiente, (PRI), Partido Demócrata Institucional, (PDI), Alianza Social Demócrata,(ASD), Movimiento Unidad y Cambio, (MIUCA),etc., por tanto los intereses profundos son fundamentalmente comunes a sus modos de comprender, aunque muchas veces inconscientes de su poder sinérgico.

No existe una conciencia de clase que los contraponga, ni siquiera desde los magros movimientos obreros, fundamentalmente desvanecidos y absorbidos por la miseria ideológica que cunde en nuestra sociedad política.



Esta coincidencia de conciencia deformada nos muestra que ninguna posición de fondo se opone a un arreglamiento de las posiciones políticas que entre todos conforman y se acogen a este sistema de ordenamiento social y de Estado.



Este hecho nos deja saber sin arrugas, que no existen diferencias de fondo que impidan entre ellos una conciliación formal y directa en el sentido de seleccionar un gobierno abiertamente equilibrado y muy capaz de armonizar entre todos con el fin de desarrollar una agenda de reformas trascendentes.



Todos nuestros líderes mejor cultivados y más influyentes, acrecentarían sus haberes morales y relaciones de poder en la medida que se cristalice una transparente atmósfera de debate político saneado de las truculencias criminales y la barbarie del primitivismo político que hoy se nos aposenta en todos los estamentos de nuestras instituciones públicas y privadas.



Estamos convencidos de que es preciso un acto de reconocimiento de que la conciliación de intereses se favorece con el ajuste civilizado y materialmente muy redituable en favor del ordenamiento productivo nacional, por lo que, los mayores beneficios de un arreglamiento institucional general tiende a favorecer a todo el sistema. Para todo ello es de prioridad seleccionar un gobierno con respaldo universal, bajo una agenda consensuada por las experiencias de éxitos y sobre las frustraciones reconocidas.



Una cabeza política experimentada, firme y capaz de lidiar con los tiempos de hoy signados por el discernimiento intelectual en materia de Economía y el manejo de la metodología científica en la investigación social, con experiencias fundadas en las luchas populares, el ejercicio docente intelectual, la dirección de Estado en diferentes fases del poder legislativo y administrativo, la conducción y de consensos internacionales, libre de desgastes provocados por las complacencias inevitables que doblegan a los ejercitantes de la Presidencia del Gobierno, sería la llamada a la conducción más racional de las reformas progresistas del Estado en favor de las mayorías grandes, es decir, en favor de la Democracia Grande, la Democracia incluyente dirigida a beneficiar a grandes distribuciones humanas.



Uno de esos dirigentes privilegiados por el espíritu de trabajo, la sagacidad política, la inteligencia administrativa y la firmeza en su liderazgo, puede ser Hatuey De Camps, sin dudas el dirigente mejor tallado, forjado y templado con el que en estos momentos cuenta la estructura política dominicana para lograr enderezar los entuertos administrativos de nuestras tradicionales máculas tales como la desidia por la educación popular, la corrupción generalizada y la indiferencia con respecto al crecimiento precipitado de la criminalidad.



Una presidencia sin aspiraciones reelectorales, con capacidad de ejercer el equilibrio entre las distintas fuerzas sociales que componen y dirigen nuestros ordenamientos tradicionales, religiosos, obreros, políticos, empresariales, e ideológicos de cualquier denominación que asocie a la ciudadanía dominicana de buena voluntad.



El PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA, PRSD, El Partido del Toro, ofrece como herramienta de consenso nacional, un candidato libre de vicios de poder como lo son el continuísmo, las colusiones y el nepotismo partidario o familiar, por estar el mismo en la inmejorable situación de no cargar sobre sus espaldas políticas con compromisos espurios.



El Partido Revolucionario Social Demócrata, PRSD, El Partido del Toro, propicia la corrección recta de las rutas desviadas del progreso distribuido como principio de la institucionalidad democrática concebida al estilo de José Francisco Peña Gómez, Juan Bosch y Hatuey Decamps, este quien hoy se erige como el último gran sustento de la interpretación social de la democracia como fundamento del bienestar y el progreso colectivo en un marco de consenso abarcador de los beneficios sinérgicos de la sociedad moderna como una familia grande y de compromisos humanos.