Los efectos desestabilizadores que conllevan los procesos eleccionarios en los cuales se postula para presidir el Gobierno del Estado al Presidente en vigencia, no se han hecho esperar.
El escaso respeto que históricamente le han profesado los gobernantes dominicanos a la isntitucionalidad estatal, hace prever con suma certeza que los arrebatos del poder intentarán imponerse mediante cualquier suma de desafueros a las reglas constitucionales.
El último proceso, fué más allá de lo previsto hasta por la dirigencia del Partido Oficial, es decir, se les fué de la mano el control del poder de los actores y las acciones que éstos, prevalidos de los recursos puestos a su disposición, pudieron ejecutar, quebrando cualquier record histórico, atribuíble a cualquier gobierno o partido, en materia de truchimanerías pseudolegales o ilegales, menospreciando así la legitimidad protolegal de una sociedad dominicana herida por los históricos abusos de poder, hoy exacerbados por las distorsiones que a la democracia le generan los acomodamientos graciosos que hace El Estado a las fuerzas económicas cuando se siente compelido a retener el poder "a jacha y machete".
Nada nos indica, sinembargo, que sólo un cambio de nombre en la Presidencia del Estado, vaya a corregir la inestabilidad surgida tras el recien celebrado proceso comicial.
Precisamos de cambios en la confianza que se diluye y se gasta, afectada de procesos de repostulaciones, fallidas o no, en cuanto a sus inmediatos propósitos de poder. Las propuestas que procuren enderezar los entuertos generados, deben ser nuevas, equilibradas y convincentes. Un proyecto de ajustes económicos, políticos e institucionales, deberá estar encabezado por un dirigente con capacidad de equidistancias, respetable, enérgico y libre de sospechas con respecto a los impenitentes deseos de repetir o acomodarle a algún alterno complaciente el asiento presidencial.
Un acuerdo mayoritario, de consenso, que busque el reencausamiento del perfil arreico de nuestra democracia, incapaz de regar con rendimientos sus virtudes sociales, tras el estrangulamiento de que viene siendo objeto por los vicios de las imposiciones y sumisiones de la colusión que la mantiene infestada.
Una solución apropiada que queremos proponerle a toda la sociedad dominicana, incluyendo a todos los partidos políticos que así reconozcan la verdad incólume de las obsevaciones que acabamos de hacer, es que para las elecciones del 2012 sea convocado un candidato de consenso, capaz de respetar los espacios democráticos adquiridos de todos los participantes, capaz de garantizar un claro rechazo a la formación de un gobierno cargado de nepotes políticos.
El Sujeto cargado con esas propiedades, quizás sea posible hallarlo entre las experiencias de Estado acumuladas por uno que otro político con formación y capacidad para las demandas de estos tiempos.
Nosotros pensamos que el conjunto de argumentos mejor formulados para desarrollar una experiencia democrática de ese calibre, son los que cargan las alforjas políticas de Hatuey De Camps, quien, hoy por hoy, luce ser el dirigente político mejor pulido, de formación fundada en experiencias de estado, de organización y de firme convicciones frente a un equilibrio que respeta el dinamismo de los tiempos, los conciertos nacionales y una vastísima experiencia como organizador internacional.
Creemos sinceramente en la solución que proponemos, la cual garantizaría una sólida estabilidad democrática ante un clima de distensión general que facilitará el curso de los ajustes sociales que hoy se balancean sobre una frágil y movediza línea de equilibrio metaestable, una Ruta que puede y debe ser corregida.
sábado, 5 de junio de 2010
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