lunes, 15 de septiembre de 2014

LA RUTA CORREGIDA, LXV, PARA DIRIGIR EL ESTADO, UN ESTADISTA: HATUEY DE CAMPS

PARA DIRIGIR EL ESTADO, UN ESTADISTA: HATUEY DE CAMPS


La división en parcialidades antagónicas que hoy afecta al mayor conjunto de fuerzas que se oponen al ejercicio del poder político al estilo del Partido de la Liberación Dominicana y del Presidente Nacional, Danilo Medina, es el fruto de la débil estructura ideológica a la que fué comprimido y en la que se ha movido el Partido Revolucionario Dominicano, PRD, desde que asumió el poder a partir de 1978, compelido a una dirigencia impedida de ejercer un poder que se fundara en los intereses de la Revolución Social que preconizaba desde sus orígenes y seguía anunciando, limitado así a un Gobierno del Estado que se instaló bajo el peso de una estructura atada al poder ajeno y contrario al propio PRD que nunca pudo ser desplazado ni alivianado más que de forma muy mediada e intervenida.

Desde los primeros pasos electorales que siguieron a la Revuelta de Abril, el PRD fue sometido a agendas extrañas a sus programas concebidos como de inspiración social modelada por un sistema de democracia de amplia base popular.

Ello no podía ser posible a partir de un gobierno encabezado por un conservador empresario terrateniente y luego por el abogado del mismo empresariado terrateniente.

La alta dirigencia que conducía los encuentros cercanos con las masas, quedaba así impedida de hacer extender sus programas ideológicos y económicos en favor de atenciones masivas en proyectos sociales previamente concebidos como alta prioridad del Estado.

 Los intentos del líder popular entonces más connotado e influyente en las masas, fue constantemente limitado en sus esfuerzos por ascender al poder, incluso, hasta prohibido de tomar parte en las trascendentes decisiones de Estado durante un importante período en los inicios de esos gobiernos.

Al PRD le fue imposible desarrollar una auténtica agenda de desarrollo democrático, siempre sometido a la acechanza  del martillo amenazador contra la esperada orientación revolucionaria de sus más auténticos dirigentes.

Así que estos quedaron entrampados y desvalidos para asumir la dirección del Estado, bloqueados por poderes de hecho que nunca han bajado la guardia en tal sentido.

Un nuevo ascenso al poder por cuenta del PRD, se facilitó con Hipólito Mejía a la cabeza, precisamente otro dirigente empresarial agropecuario, colocado en el extremo del conservadurismo ideológico y militante.

Una nueva dirigencia del PRD se posesiona en estos momentos, encabezada por Miguel Vargas, dirigente empresarial quien, de modo preciso, busca superar la primacía y anacronismo ideológico del mismo Ex-Presidente Hipólito Mejía.

Ambos dirigentes coinciden en cualquier modo de pensamiento, siempre alineados en contra de los intereses populares, ambos impedidos en su tosudez de dar un paso al frente para alcanzar sumar esfuerzos que les reditúen el favor de permitirle el ascenso a la conducción del Estado al pensamiento social de una democracia eficaz y modernista, fundada en las fuerzas del espíritu humano de todos los ciudadanos de nuestro país.

Quizás sea oportuno que dirijamos nuestros pensamientos y esfuerzos en pensar en un dirigente cultivado en una forma de pensar tallada y corregida con la firmeza propia de un dirigente político con su mirada puesta en las mayorías trabajadoras, los constructores de nación y sustentos de un Estado para una Patria contundentemente estable y firme en sus convicciones históricas.

Buenos son  empresarios para conducir sus buenas empresas. Buenos son  estadistas políticos equilibrados para conducir las políticas del Estado con equilibrio.

La ruta a la que los medios públicos tratan de conducirnos, está equivocada y tiene que ser corregida. La ruta debe conducirnos a un Hatuey De Camps, presidente actual del Partido Revolucionario Social Demócrata, PRSD, El Partido del Toro, firme y decidido a reconstruir el Estado a través de un gobierno de Ruta Corregida, libre de los entuertos comunes en las improvisaciones, al tratarse de un Estadista experimentado en varias y efectivas funciones de Estado y en exitosas campañas políticas en las que se han previsto los reales triunfos electorales del PRD.