jueves, 17 de febrero de 2011

HATUEY DECAMPS: UN GRAN CONSTRUCTOR, UNA OPCIÓN INMEDIATA

Conocí a Hatuey De Camps cuando llegué a la Universidad, en Enero del 1969, estimo que el joven de entonces bordearía la edad de los 20 años.

Desde allá a esta parte del tiempo, llama la atención su historial de implicaciones en los más relevantes hechos políticos de la vida nacional.

Su participación como cabeza visible de los esfuerzos militantes que arrastraron a todo el estudiantado nacional, incluyendo el respaldo ofrecido por movimientos estudiantiles surgidos espontáneamente en colegios y universidades privadas, a contrapelo de sus autoridades académicas y ante la sorpresa de los propios familiares, sólo bajo el influjo gravitacional del candente liderazgo estudiantil que se acendraba en las manifestaciones por el reclamo de la asignación, por parte de El Estado de un presupuesto apropiado para cubrir las necesidades crecientes de los recursos que demandaba el explosivo incremento de ingreso de nuevos estudiantes que acusaba la Universidad estatal, tras la masiva apertura operada luego de la Revolución de Abril, lo proyectaba como conductor estudiantil de condiciones excepcionales.

Hatuey De Camps surgió entonces como el líder indiscutido de una nueva expresión estudiantil auspiciada e impulsada desde la dirección política del PRD.

Esta expresión estudiantil, bajo la dirección de Hatuey De Camps, creció explosiva y abrumadoramente, así que se hizo con la dirección de la dirección de la FEDERACIÓN DE ESTUDIANTES DOMINICANOS, LA FED, y la mayoría de la representación estudiantil en el Co-Gobierno de La Universidad de entonces.

Aquellas luchas estudiantiles, con Hatuey Decamps puesto al frente, llegaron a convertirse en un movimiento tan masivo y de tanto arrastre popular, que muy a pesar de la represión desatada contra todos los dirigentes que se sumaban al mismo, llegando a estremecer tanto la consciencia pública nacional, que finalmente el Gobierno de Balaguer, luego de recibir una comisión de autoridades universitarias, incluida la representación estudiantil en la persona de Hatuey Decamps, resignó su resistencia a atender los reclamos convertidos en demanda nacional y sin más tratos, hizo disponer los arreglos legales y administrativos para que fueran concedidos los fondos reclamados.

A partir de aquel relevante templado del su precoz liderazgo del joven dirigente, en cada uno de los acontecimientos políticos trascendentes que implicaran al PRD, Hatuey De Camps hubo de implicarse del lado positivo del respeto institucional y los mejores intereses democráticos y sociales.

Cuando, luego de los acontecimientos de Playa Caracoles, originados tras la siembra guerrillera encabezada por el Héroe de Abril, Coronel Caamaño, Juan Bosch abandonó al PRD y decidió construir una nueva franquicia política partidaria, Hatuey De Camps fué llamado por Peña Gómez a regresar desde Europa, donde había ido a cumplir misiones políticas puntuales además de aprovechar para completar su formación académica en las más prestigiosas universidades de España y Francia.

Ante tales aprestos, hubo resolver la disyuntiva trascendental que se le presentaba, con firmeza principal decidió seguir respaldando militantemente al PRD, truncando, ante la urgencia política de su partido, otras tareas y propósitos políticos en Europa y Asia.

No obstante, tuvo tiempo para incorporar a su renovada formación cultural, intelectual y política, una extendida e intensa relación con importantes líderes de la Internacional Socialista de Europa, Asia y África, lo que le serviría para completar, acompañado del peso institucional y proverbial talento intelectual para el trabajo político, de Peña Gómez, la introducción e incorporación del PRD al capítulo latinoamericano de la Prestigiosa Institución sustentadora de la avanzada democracia socialista como ideología que cultivamos los pueblos y pensadores con aspiraciones a la igualdad de oportunidades abiertas para toda la humanidad.

Asímismo, junto a Peña Gómez, condujo el afianzamiento y consolidación del Partido con tal éxito, que a pocos meses, se enfrentaría a la construcción de un frente de partidos de oposición llamado a derrotar mediante el proceso electoral que se avecinaba para 1974, tal fué la fortaleza de la estructura organizada, que, una vez más el gobierno balaguerista debió recurrir a tan insoportable represión, que la oposición debió retirarse de la contienda.

Hatuey De Camps dirigió por varios años el programa de orientación radial, tradición del PRD, Tribuna Democrática, a través del cual se mantuvo siempre viva la firmeza ideológica de las masas perredeístas.

Finalmente, en 1978, encabezó la organización del proceso electoral que llevó al partido a triunfar abrumadoramente, acompañó las lides por la defensa del dicho triunfo, finalmente reconocido, no obstante la resistencia opuesta por el trogloditismo militar recalcitrante, aposentado en el en las fuerzas armadas junto a otros cruzados de las cúpulas de la oligarquía civil, la religiosa, sus testaferros, sabuesos y mandaderos.

Precisamente, durante esa ardua carrera de agobiantes enfrentamientos, asumió el protagonismo fundamental al desafiar públicamente al diseñador del truculento "fallo histórico", Don Marino Vinicio Castillo, con el que la Junta Central Electoral hubo de conculcarle al triunfo del PRD, cuatro senadurías, además de varios diputados, con lo cual le arrebataba el control del Senado, y, consecuentemente, el control del Poder Judicial, cuya responsabilidad para nombrar y sustituir los jueces, era prerrogativa absoluta del Senado.

La polémica pública y televisada, fué presentada como un match sin relevo entre gladiadores de categoría mundial.

El joven De Camps pareció surgir como el David de la Biblia, con un triunfo reconocido desde entonces hasta por sus propios contradictores.

Antonio Guzmán, el presidente electo, instalado ya, con graves limitaciones, designó a Hatuey De Camps, -quien además había resultado electo diputado-, al frente de Radio Televisión Dominicana a donde barrería de maleficios y demonios su desastrosa imagen de antro mafioso, dispuso su responsabilidad ejecutiva, al salario único del honor, logrando éste rescatarla de la mugre y la hediondez hechaS quistes durante años entre todos los intersticios de las pingües ventajas económicas, protegidas al estilo de logia como LA COSA NOSTRA por empresarios externos que se la servían a su mero antojo y sin ningún escrúpulo ético.

Luego pasó a dirigir la Cámara de Diputados, dejando tras su administración, un legado de diferenciación única, distanciándose de las doradas y deslumbrantes alforjas divinas de Mercurio.

Sus reconocidos alcances políticos le valieron de nuevo el encargo partidario de coordinar el nuevo proceso electoral que se avecinaba. Hatuey De Camps dirigió entonces la campaña triunfadora que llevó al PRD al triunfo sin discusión del año 1982.

Durante el desarrollo de ese gobierno encabezado por Salvador Jorge Blanco, fue responsable de cuidar la integración Partido-Gobierno que permitió que Jacobo Majluta alcanzara las ventajas electorales sobre Joaquín Balaguer que en 1986 debieron merecerle el ascenso al poder a Jacobo Majluta, no obstante el Hatuey haberse distanciado desde tres meses antes de las elecciones, del Gobierno de Jorge Blanco, tras algunas contradicciones de forma, las que, sinembargo, no menguaron su responsabilidad en la lucha por el triunfo electoral, del cual le habría rendido debido informe al Presidente Jorge Blanco, quien, por razones que el mismo considerara atendibles institucionalmente, aceptó la decisión del árbitro oficial, la Junta Central Electoral.

Antes, sinembargo, habría escenificado un desagradable contredit enfrentado al Dr. Mario Vinicio Castillo, por la defensa de la integridad propia de la Familia Presidencial y de las calidades de la dirigencia partidaria del PRD.

Nadie, nadie más lo hizo. Hatuey De Camps exhibió su voluntad, su arrojo, su capacidad y su decisión de salir a un ruedo para el que era preciso contar con piernas para cargar el peso de sus corajes.

El PRD, tras sus debilidades frente a los ejercicios maestros de la manipulación artera del principado balaguerista, se sumió durante otros catorce años en los miradores de la oposición.

Una de esas debilidades manifiesta fué la lucha residual y, sinembargo, frontal servida al final de los años 80 y principios de los noventa, entre Jacobo Majluta y Peña Gómez como protagonistas, tras la cual, ambos decidieron tocar, cada uno por separado, nuevas partituras políticas al ritmo de las atizaderas de los enemigos políticos del PRD.

Surgieron las franquicias divisionistas del PRD, "La Estructura" y el "BISD", bajo las égidas de Jacobo Majluta y Peña Gómez, respectivamente, Hatuey De Camps permaneció incólume cuidando y preservando los símbolos del PRD, enfrentado a la nefasta parcelación de su partido sin acogerse a fracción alguna.

A partir de ese descalabrado Proceso se iniciaría la reunificación del PRD, los actores debieron ser reconciliados, Hatuey De Camps asumió la ardua tarea, de llamar, recibir y reubicar al liderazgo contrapuesto entre sí, tras la salida de Jacobo Majluta.

Una vez más, la capacidad de constructor, arbitro, mediador y reorganizador, de Hatuey De Camps se impusieron y el partido convino sólidamente reunificado para participar en la justa electoral del 1994, ocasión del gran arrebato auspiciado contra el triunfo electoral indiscutido de Peña Gómez sobre Balaguer.

Ya en el 2000, de nuevo, la dirección política del PRD confió en las experiencias de Hatuey De Camps para asumir la responsabilidad de coordinar la que sería la triunfal campaña que ascendió a Hipólito Mejía a la Presidencia de La República.

La insensatez, los errores de cálculos militares, la desesperaciones políticas y, sobretodo, el atropello truculento de los principios que han conducido las fortalezas éticas e históricas del PRD, lo llevaron a romper con sus esencias, violentando la voluntad popular a través del estupro moral y la violación de principios históricos fundacionales, del congreso y de algunos dirigentes partidarios, quebrados bajo el peso plomizo de una bolsa de falsos doblones.

Así se impuso la desatinada propuesta de repostulación que Hatuey De Camps, junto a un consolidado núcleo de dirigentes históricos, denunció, desafió y enfrentó hasta evitar el truculento protocolo de imposición programado.

Así es como Hatuey Decamps, al denunciar la nefasta corriente contraria a los prístinos principios que sustentan el pensamiento intelectual y popular de los dominicanos opuestos a las colusiones contrademocráticas, mercantiles y espurias de intelectuales adosados a las debilidades de las hambrunas de la significación inmediatas y mediáticas, queda compelido a construir un nuevo instrumento político de lucha, libre de compromisos arrastrados como vicios aposentados en las salas perredeista.

Hoy, por el contrario, Hatuey De Camps es el representante moral y ético de las fuerzas políticas, -menguadas en los números de su militancia, como es natural-, que salvan el coraje humano frente a las mercaderías de la corrupción, el crimen, la colusión política entre diseñadores mediáticos y las licencias para decir de voz en cuello todas las malapalabras intelectuales pagadas a precios de sangre, de complicidades y abyecciones.

Hatuey De Camps puede no alcanzar, -como nunca lo alcanzó José Francisco Antonio Peña Gómez-, a acomodarse en El Solio Presidencial del Gobierno, la Nación y Estado Dominicano, sinembargo, la historia de su ascendencia en la construcción de la democracia dominicana y latinoamericana, es tal que los libros y tradiciones, desde la Tesis universitaria que le dedicara Peña Gómez, hasta los textos de las teorías políticas, no podrían prescindir de sus gravitantes logros como hombre historia colocado en la pendiente positiva creciente de nuestras coordenadas sociales, no obstante, la historia no está terminada de escribir, si bien es cierto que Jorge Blanco y Peña Gómez, no están ya para responder diatribas, Hatuey De Camps, aunque signado por un serio evento de salud del que luce perfectamente superado, no acusa aun los fríos sudores que a la distancia huele La Parca.

Ni está liquidado ni es liquidador. Son otros los aventureros llegados de mataderos con sus artes de jiferos y metidos a banderilleros y picadores dispuestos a desangrar al animal a cualquier precio, caiga quien caiga porque no cuentan con patrimonio de arraigo histórico, sino en parcelas resecas donde no queda más que el polvo de las penas y las lágrimas de la vergüenza.

Hatuey De Camps ha sido, junto a Juan Bosch y Peña Gómez, uno de los dos grandes constructores del PRD, sobretodo del masivo PRD de las grandes jornadas movilizadoras y reivindicativas, un pilar inigualable hasta hoy en el ordenamiento, magisterio y especialización del pensamiento colectivo de ese Partido que pasó a sustentarse ideológicamente en la orientación Socialista Democrática.

Nadie, ninguno de sus fieles más conspicuos de hoy, como ninguno de sus cuadros transpuestos desde las más recalcitrantes y desacreditadas organizaciones traficantes de poder usurpado, pueden reclamar haber construido más que Hatuey De Camps dentro de ese PRD que otros han decidido desviar y desvencijar ideológicamente.

Hatuey De Camps sigue siendo actor de primeros planos con muy bien ganados méritos, quizás como ningún otro, para merecer la dirección principal del Estado, sin lucir desesperado y ni siquiera está rogando esperanzas ni propuestas a precios de ningún proponente, porque en estos momentos, sus experiencias, su formación, su historial de fidelidad a los principios y doctrinas sustentadas en la reciedumbre de su carácter firme y reflexivo, lo presentan como una opción real, viable y deseada por una gran mayoría preferentes votantes.

Hatuey De Camps es hoy, como nunca, desde su Partido Revolucionario Social Demócrata, PRSD, El Partido del Toro, la opción de poder más confiable en términos de experiencias, cultivo ideológico, firmeza de carácter y concepto de gobierno, ya que represente la Ruta de la Corrección Etica, ideológica y modernista en el pensamiento político dominicano.