Al transcurrir el último medio siglo durante el cual el PRD desarrollado por Juan Bosch y convertido por Peña Gómez en la tradición mística mejor generalizada y populosa de nuestra historia política republicana, este hecho político, El PRD, se ha mantenido incólume más allá de todos los percances sufridos bajo los ataques despiadados que contra el mismo han propiciado siempre los sectores más retardatarios de nuestra sociedad, azuzados inequívocamente por las ganas de evaporarlo bajo los efectos nunca aplacados de sus resentimientos y rumias históricas los que logran hacer estallar cual bombas de fisión nuclear originadas en el átomo de su elemento base: Trujillo.
El antagonismo acérrimo con el que esas fuerzas siguen enfiladas militantemente, conmina a todos los dominicanos convencidos del valor que en la organización social humana implica el mantenimiento de una diversidad democrática estable, firme y cohesionada en torno a principios de valor universal con respecto a derechos a la libre expresión del pensamiento, libertad de transito, libertad de asociación lícita y libertad de optar por la dirección política de El Estado, a expresarnos masivamente por el mantenimiento de la vigencia política del PRD, este instrumento social que es propiedad del sentimiento dominicano arraigado en lo más profundo del cuerpo espiritual de nuestras luchas cotidianas por el bienestar público y ciudadano.
Ya se han manifestado representantes de todos los sectores de la vida institucional dominicana, reclamando la erección de un marco interno de sensatez capaz de acoger el advenimiento de un consenso capaz de recomponer las fuerzas incidentes en las diatribas que mantienen el estado de dispersión, turbulencias e incoherencias multicefálicas, que amenazan con despedazarse entre si en una lucha que hoy sólo parece dirigida a negarse unos a los otros.
La institucionalidad del PRD ha de mantenerse cohesionada, las bases han de seguir en su redil, sus líderes históricos y los emergentes han de ocupar sus podios con sensatez, humildad y sabiduría. Reiteramos nuestra posición ya expresada en anteriores oportunidades: Todas la posiciones internas que fueron cargadas a los aprestos retaliativos surgidos después de las elecciones del año 2000, deben ser vueltas a sus posiciones anteriores a partir de la fecha del 16 de Mayo.
La Ruta de las descalificaciones y exclusiones tiene que ser Corregida. La recomposición del estado del estandarte democrático del PRD tiene que ser rescatado, levantado y abierto al consenso universal hasta la conformación de un registro único y masivo de su militancia en todo el territorio nacional e internacional. El Punto de Restauración del PRD triunfador, ha de ser fijado como azimut inviolable y reconocido por todo el universo partidario.
La Ruta tiene que ser Corregida. Los valores y poderes populares acumulados colectivamente en el PRD, siguen multiplicándose como génesis biológica en la semilla de la democracia dominicana y en el imaginario de su inteligencia y posicionamiento emocional, hecho que debe ser cuidado y mantenido como instrumento de la democracia y patrimonio social colectivo de todos los dominicanos