Las recaudaciones económicas impuestas sobre las actividades que generan un lucro multiplicador legítimo, es decir, que no contravienen los arreglos legales de la convivencia social, que favorecen la paz familiar, los derechos convencionados regularmente, en favor del desarrollo de la vida, su agregación natural, su existencia racional, según nuestras formas antropogénicas, generalizadas y masivamente libres, tales como las diversiones deportivas, festivas, espirituales, de agregación familiar y social en general, vistas desde el control administrativo de un regimen de agregación democrático-social, popular, rigido, imperialmente planificado, habría de obedecer de modo irreversible, a controles matemáticos, con tendencias a rigidizarse a partir de números y márgenes de tolerancias estrechos.
Sin embargo, conscientemente, en nuestra sociedad de regimen político signado mayormente, por los liberalismos propios de la libertad de acumlación de fuerzas capitalistas, la rigidez convencionada ha llegado ha arribado a la contratación social a partir de la cual, ese contrato social conviene en cargar de modo estricto el costo de los servicios imprescindibles con respecto a la convivivencia agregada, famialiar, social y biológica, repartiendo los esfuerzos mediante un sistema de recaudación económicamente monetarizado.
Las necesidades a partir de las que el sistema político-social, espiritual y materialmente, cumple muchas de sus necesidades administrativas como Estado Social, Nacional, garantizando, convencionalmente, mediante el sistema democrático-capitalista, propiciando educación, diversión, alimentación, salubridad y seguridad, siguiendo métodos arreglados de forma que, a la misma vez, se asegure la acumulación capitalista, diferenciadora de las clases sociales.
Esos metodos, sin embargo, pasan a ser gravados competitivamente, extrayéndose de las recaudaciones capitalistas particularmente logradas, unos impuestos que permiten al Estado Nación, cubrir los costos de la facilidades promovidas como valores constituídos por esa necesidades de las que antes expresáramos que serían imprescindibles en cuanto a mantener la regulación, el orden, las necesidades del paso ligero a los procesos entrópicos, asegurados racilanalmente, antropológicamente, biológicamente. Las recaudaciones consideradas como capaces de exceder las necesidades imprscindibles, humanamente racionalizadas, son, entonces, materialmente, monetariamente recargadas desde el mismo sistema.
Diversiones, cotumbres, conductas, expresiones espirituales, sobrealimentaciones, etc., consideradas no perentorias, colocadas por encima de la sensatez racionalizada biológicamente, pasan a ser recardadas con imposiciones, que, aun dentro de los arreglos más liberales, han de contribuir a allanar la tranquilidad colectiva. Estas imposiciones, vienen a ser, sin embargo, no más que acumulaciones de los mismos esfuezos descendidos de la musculatura misma de la masiva fuerza obrera capitalizada en favor de las diferencias y saltos propios de la dinámica social antropomorfa.
Gravar los excesos beneficiados por las recaudaciones de los actores de las artes, los deportes, los placeres de las sobrealimentación, los entretenimientos prescindibles, etc... que precisan de gastos comprometidos con toda la infraestructura del Estado Nación, constituye una regularización de los deberes, derechos y obligaciones propias de la orgacnización del sistema capitalista, recaudador, obligado a funcionar mediante la contribución y reparación mínima de los cambios sociales de clases. Pagar sobre las recaudaciones comerciales, servidas como fórmulas prescindibles, debe ser admintida y estimulada, tanto por las organizaciones sociales como por El Estado-Nación.