jueves, 6 de marzo de 2014

ROBERTO RODRÌGUEZ DE MARCHENA PARECÍA UN VOCERO DISTINTO

En cualquier parte del mundo, un representante o vocero de El Estado, de una organización social de cualquier índole o de cualquier grupo primario, cuando se expresa en nombre de toda la formación de la que es parte o dirige, puede incurrir en desbordar los límites de su representación, obligando a sus representados a enderezar el exceso o lo torcido de lo dicho y sus palabras pasan entonces a perder la autoridad y la confianza de todo a quien habría de concernir su pronunciamiento.

Por el contrario, cuando un vocero acostumbra a cuidar la certeza de sus afirmaciones, hace valer la autoridad de sus pronunciamientos con la fuerza de la confianza y el respaldo total de quienes son representados en sus palabras, la credibilidad sobre la autenticidad del valor que se pone en lo dicho crece cada vez que habla y sus palabras pasan a ser "palabras de rey". Si un vocero oficial de un Estado o de la Presidencia de un Estado, descuida esas obligaciones de acercar cada vez más el valor de sus palabras a la condición de "palabra de rey", muy pronto ocurrirá que su valía como vocero se pierde y nadie confiará en la autenticidad de sus mensajes.

Roberto Rodríguez de Marchena, vocero oficial de la Presidencia de la República, asumió responsabilidad en nombre del Gobierno Dominicano, sobre el descuidado comentario hecho por el Ministerio de Relaciones Exteriores, dirigido a restar importancia a la descalificación de los pronunciamientos del Dpto. de Estado norteamericano en los que se cita al Estado República Dominicana como violadora de derechos humanos, prácticas racistas y ejecuciones extrajudiciales.

Siempre tuve la percepción de que uno de los voceros de ejercicio y presentación mejor arreglados que ha exhibido el Palacio Nacional Dominicano desde que recuerdo conocer algo sobre esos asuntos, ha sido Don Roberto Rodrìguez de Marchena. Sin embargo, vale ahora preguntarse, en que favorecía que asumiera la defensa de unos pronunciamientos tan chabacanos, como los de la respuesta de la Cancillería? Obviamente, de nada más que para desmeritar la confianza antes recabada.

Del mismo modo, de qué le serviría a su ejercicio y a su representación oficial, la Presidencia de la República, pasar a repetir los tan vergonzantes pronunciamientos de otros funcionarios menos arreglados y menos capaces, siempre afanados en exhibir las contribuciones económicas y asistencias que le ha servido y le sirve el Estado Dominicano a los necesitados haitianos, desmeritando, por tanto, lo que de otro modo pudiera considerarse como gestos solidarios entre hermanos?

Es, acaso, prudente insistir en la mentira de que aceptar la inmigración haitiana es un gesto de solidaridad o de caridad? No. Por favor, Sr. Rodrìguez de Marchena, la migración que sirve su mano obrera, la necesitamos, la precisamos, estamos obligados a ella y la diplomacia internacional, lo mismo que nuestros intelectuales y polìticos que se respetan y por ello se hacen merecedores de respeto, también lo saben. A los fanáticos y desquiciados, deje que les hable otro fanático u otro desquiciado. Ud. es otra fragancia o, por lo menos, eso creermos muchos.