Cuando aquellos dirigentes políticos paradigmáticos: Peña Gómez, Juan Bosch y Hatuey De Camps, fueron fraguando y forjándose, bajo la contundencia y tenacidad del calor y del martillo de las más rudas experiencias políticas tras los gobiernos de Trujillo y luego los de Balaguer, marcados éstos por las imposiciones de la permanencia en el poder usurpado mediante los procesos que implicaron sus respostulaciones electorales sin observar la prudencia aconsejadora sobre las buenas venturas de una sana alternancia política en la administración del Estado, lo hicieron convencidos de que nuestra sociedad política sigue el trillo de la historia material y espiritual que siguen todos los procesos de ordenamiento que se corresponden con las sociedades políticamente inmaduras, porque tampoco cuentan con una economía apropiadamente reglamentada, pero sí con unos niveles de hambre de alimentos, de hambre de conocimientos, de hambre de salud administrativa y de salud física.
La selección de equipos de hombres gobernantes, capaces y probos, dispuestos a servir como trabajadores sociales sus roles de profesionales, es una tarea de responsabilidad ciudadana muy delicada, difícil y cargada de contraposiciones y desavenencias humanas y de posiciones ideológicas. No obstante, cuando se lograra la madurez necesaria para alcanzar de modo consensual a seleccionar ese equipo, lo mínimo deseado habría de ser garantizar su continuidad por todo el tiempo que lo demandaran las circunstancias.
Sinembargo, esa experiencia acumulada por aquellos líderes y dirigentes, los hizo convencerse de que las reglas éticas por las que se mide Nuestra Sociedad Política Dominicana, carece del peso de una fuerte tradición de respeto a los principios concebidos como normas de nuestros arreglos jurídicos y sociales en general, en consecuencia, esas normas no alcanzan a valer para detener el empuje de las asociaciones criminales que se constituyen para desprestigiar, menospreciar, violar o simplemente desconocer esas normas desde dentro del mismo tren administrativo estatal, en un contubernio con las más altas instancias de la sociedad comercial, empresarial y profesional que tiende a doblegar cualquier intento encabezado por cualquier pensamiento que se le contraponga.
Esa, ninguna otra, es la razón por la que cualquier análisis de los proceos pro-democráticos republicanos que se aplique a nuestro proceso político democrático, ha de concluir sobre la necesidad de condenar cualquier proyecto de repostulación que procure sustentar la continuación de un mandato presidencial, más allá de un período constitucional.
En nuestro país no existe una referencia histórica re-eleccionista que no haya concluido con un balance nefasto para la democracia dominicana. Sobre los casos de re-elecciones anteriores al presente gobierno, poco dejan ya para motivar la descripción de sus trágicas consecuencias, sinembargo, en un período de elasticidades políticas tan cómodas como resulta ser el que le ha tocado encabezar al actual Presidente, Dr. Leonel Fernández, las consecuencias de desobedecer los consejos de la prudencia política histórica, no se han hecho esperar y se aboca El Presidente Fernández a echar al mar cualquier brillo que pudiera exhibir atribuíble a sus ejercicios presidenciales, como virtud de sus talentos políticos, todo como consecuencia de un ejercicio presidencial signado por los cuestionamientos legítimos sobre las artes aplicadas para retener el poder en la administración presidencial del Estado.
Hoy, frente a los escarceos mediáticos a los que se sigue sometiendo la voluntad política del Dr. Fernández, nada es políticamente más aconsejable para él, que descartar ese caramelo envenenado, el cual podría intoxicar de modo irremediable su historia y su futuro político, constantemente recalentado por el deterioro constante de las variables más sensibles para el mantenimiento de una sana perspectiva de la transmisión democrática del poder.
No obstante, si finalmente, ante los reclamos y presiones de la corte de acólitos que insisten en empujarlo por esa ruta, convocados por los vicios propios que son el motivo por el que condenamos los procesos continuistas, lograra doblegar sus inclinaciones democráticas, imponiéndose el proceso de repostulación, nos queda, sinembargo, el deber de luchar a brazos partidos, para oponernos a dicho proceso, incluyendo en esta lucha, a otros dirigentes democráticos de las propias denominaciones de las que hasta ese momento lo hayan respaldado, conscientes todos, de que ello sería la mejor decisión, la más sana medida de la democracia para evitarle al país cualquier desastre en su ordenamiento económico, político o democrático.
Este alerta, ha de servir, asimismo, para que el la propia oposición, incluido el Partido Revolucionario Dominicano, PRD, advierta el peligro de sus desarreglos internos, debilitantes, arriesgados e imprudentes, propiciadores, sin dudas, de su penoso historial de derrotas, no obstante el lograr mantenerse como el partido de mayor y más firme arraigo, social, -cuasi-religioso-, de la historia de la República Dominicana, no obstante, no obstante el haber sido la cuna de los dos partidos que le siguen en el interés de la ciudadanía: El PLD y el PRSD, El Partido del Toro.
Ante la difusión creciente de las promociones que tienden a asentar la idea de que el proceso de repostulación presidencial por parte de Leonel Fernández, serían un hecho invariable, salvo la postulación de su misma esposa, Doña Margarita de Fernández, el candidato de la oposición debe alcanzar a ser un candidato capaz de consensuar todas las fuerzas democráticas conscientes de lo pernicioso que sería para el orden del Estado Nacional, una nueva repostulación del presidente Fernández.
El costo para el estado de ese proceso, sería tal que nos atrevemos a predecir que un colapso económico catastrófico sería inevitable.
A toda la oposición y a todos los sectores que alcancen a ver nuestras consideraciones como enmarcadas en la realidad social dominicana del momento, los llamamos a mirar hacia la experiencia de Estado del dirigente Hatuey De Camps, el dirigente que, junto a Peña Gómez y Juan Bosch, desde los tiempos de Balaguer, ha vencido la tentación, una y otra vez, de doblarse frente a cualquiera de los intentos de propuestas re-eleccionistas que haya sido ojeada desde de cualquier mirador, incluidos aquellos sectores internos que en el propio PRD, se atrevieron a intentar movimientos en favor de obcenos proyectos re-eleccionistas, durante los gobiernos de Antonio Guzmán, de Salvador Jorge Blanco, de Hipólito Mejía y que hoy procuran la re-postulación del Dr. Fernández, aun sea humillando la constitución.
La Ruta de los procesos re-eleccionistas, tiene que ser corregida, el PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA, PRSD, El Partido del Toro, nos conduce por la Ruta Corregida, la ruta de las precisiones de los pincipios de la Democracia Social, libre de colusiones.
sábado, 31 de julio de 2010
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