Si al tratar de la historia de las luchas políticas y sociales de los últimos cincuenta años en la República Dominicana tuviéramos que pensar en el nombre de un personaje entre los líderes que aún quedan vivo o coleteando, no habría que rebuscar demasiado credenciales para asegurar que el de Hatuey De Camps Jiménez ostenta la precedencia tanto en materia de hechos políticos de sobresalencia positiva en favor de las más trascendentes causas nacionales así como en todos y cada uno de los acontecimientos decisivos de la democracia dominicana y del Partido Revolucionario Dominicano, PRD, desde sus relevantes relaciones y posiciones políticas que lo llevaron a compartir roles cruciales junto, en primer lugar, a Juan Bosch, Peña Gómez y Joaquín Balaguer, luego, junto a Jorge Blanco, Jacobo Majluta, Antonio Guzmán, Hipòlito Mejìa, Leonel Fernández, el empresariado nacional, todos los partidos políticos de cualquier denominación y sus más altos dirigentes, y todo el conjunto de la sociedad política, religiosa, obrera y empresarial nacional, civil y militar, desde los más bajos estratos hasta los más encumbrados y, finalmente, junto a la más alta diriencia política mundial, desde el extremo oriental hasta las más encumbradas salas de occidente, incluídos los más importantes paises de Europa y América.
Desde los tiempos en los que me tocó asistir a la universidad, durante los que conocí las actividades de aquel joven líder, quien destacaba por su incansable afanar a favor de la lucha nacional por el mejoramiento del presupuesto asignado a la universidad estatal con la finalidad de poder financiar el masivo ingreso de estudiante que ya aceleraba la aceleración generada desde la concesión de la autonomía y fuero universitario, unos años atrás así como los aires revolucionarios y populares despertados tras la guerra cívico-militar de Abril del 65, nunca he visto pasar un acontecimiento polìtico en República Dominicana en el que no haya participado Hatuey De Camps como hacedor de cuando menos uno de los equipos protagonistas, siempre del lado de las causas más nobles de la Gran Democracia, las que defienden a las grandes mayorías.
La conducción exitosa de la entonces más pujante organización política, el PRD, desde esos tiempos ha contado con la participación como actor de primeros planos de Hatuey De Camps tanto para cuidar de su estructura organizativa, como para su orientación política, desde sus primerísimas responsabilidades en el apadrinamiento ideológico de la Internacional Socialista, hasta la dirección de las campañas electorales en la conquista del favor popular y nuevo ascenso al poder del PRD con Antonio Guzmán como presidente de la Nación, como en la subsiguiente campaña para llevar a Jorge Blanco, siendo así el mismo Hatuey De Camps quien rindiera el informe del que se sirviera el PRD para conducir los reclamos a favor del subsiguiente triunfo usurpado a Jacobo Majluta en 1986 por la maquinaria cívico-militar de del presidente Joaquín Balaguer, gobernante del momento.
Fue ese el mismo Hatuey De Camps quien condujera la victoria de Peña de Gómez, igualmente arrebatada por la misma maquinaria maquiavélica del mismo Dr. Balaguer. Por igual, fue ese mismo Hatuey De Camps quien presidiera activa y solidariamente al PRD que condujo a Hipólito Méjía a llegar presidir la República durante el período 2000 – 2004. Fue también ese el mismo Hatuey De Camps quien decidió abandonar las filas del PRD, desde la presidencia misma del partido, para denunciar, enfrentar y combatir el vicioso continuismo encarnado en esos momentos por las intensiones inesperadas del presidente Hipólito Mejía de enquistarse en el poder, en contra de los históricos principios sustentados por el PRD y sus más conspicuos dirigentes de todos los tiempos.
Ese es hoy, Sr. Dr. Jorge Herrera, a pesar de sus reiteradas diatribas conducidas contra su sobresaliente trayectoria polìtica, el mismo Hatuey De Camps que decidió aceptar el respaldo de un numeroso grupo de hombres selectos, de principios éticos y políticos, para conformar un PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA, PRSD, conocido popularmente como El Partido del Toro, el cual ha dado muestra de que no acude a la fomación de sociedades colusivas para tratarse en discusiones de precios, subastas, cambalaches ni tratos espurios. Si bien en este país ha habido involuciones políticas, anecdóticas unas, decepcionantes otras y sobretodo, la más tristes y penosas, las de los que intentas sacarles las víceras a sus congéneres para comérselas hechas pipián sin ni siquiera erutar.
Esos que así se conducen hoy sí son los desconfiables, de los que huyen prestos como los machos de la mamboretá, porque después que la dejan a esta preñada, estas tratan de explotar su instinto de conservación del modo más cruel: descuartizando y comiéndose al que la premiara.
Los hombres y mujeres del PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA, PRSD, El Partido del Toro, estamos convencidos de que la evolución política de Hatuey De Camps, ha sido ejemplarmente indetenida, continua y ascendente en todos los intervalos de su hiperbólica ascendencia para el acto relevante, levantada en favor de las mejores causas de la Democracia, la sensatez y la decencia política por la que todos los políticos del mundo dicen abogar y por la que auténticamente, muy pocos, al envejecer sus bríos, al decaer sus hormonas, son capaces de mantener dentro de sus espectros éticos, morales e ideológicos, desgastados y vencidos por el hastío de las frustraciones y las incapacidades humanas que impiden alcanzar a subir a las montañas de los éxitos ajenos.
Si una ruta política corregida, enderezada con la virtud de resistir toda tentación capaz de quebrarnos hemos de seguir, es la Ruta Corregida ejemplarmente por Hatuey De Camps, no la ruta de las derrotas éticas y morales, seguimos la ruta de decencia política, el respeto a los principios y la defensa del Pueblo y su Democracia.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
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