Hatuey De Camps ha quedado como el único dirigente político de Relevancia Nacional libre de complicidades, presentes e históricas que arrastran las perniciones que en nuestro país son muy propias de los procesos de repostulación presidencial, y, peor aún, cuando logran convertirse en reelección presidencial.
Ningún dirigente, seguidor o simpatizante del Partido Reformista se atrevería a exhibir, sin ridiculizarse, una posición contraria a las "bondades legítimas" de los proyectos reelectoreros, después que su líder fuera el principal mentor de esos proyectos y corruptor empedernido de los procesos que los sustentaron.
Nadie, valiéndose del buen castellano franco y claro, aseguraría que algún proceso de los que condujeron a Joaquín Balaguer hasta la presidencia de la República, estuviera libre de las peores truculencias mediáticas, militares y ahijadas por fuerzas oscuras y malhadadas, protagonistas de los más desproporcionados retorcimientos apadrinados por juntas colusivas de arregladores enquistados en el poder religioso, económico, militar e imperial extrangero.
Por otro lado, los líderes de la tradición perredeísta mejor valorada y respetada, en su momento más crítico y decisivo frente al coraje ético que debió imponerse, fueron incapaces, penosamente, de mantenerse de piés frente al fraguado proyecto reelectorero encabezado por el entonces presidente Hipólito Mejía.
Nombres hasta entonces sagrados y preservados de como referente ético-moral de la más valiosa tradición política perredeísta, afirmada en las patas morales de las ideas y conductas de Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez, como es caso de Milagros Ortiz, Jorge Blanco, Ivelisse Pratts, Hugo Tolentino, Tirso Mejía, Miguel Vargas, Ramón Alburquerque, Orlando Jorge, Franco Badía, Guido Gómez, Eligio Jáquez, Rafael Suberbí, Esquea Guerrero, y otros, sucumbieron de cualquier forma ante las ansiedades que generaron los contratiempos del momento político, seriamente conturbado por acontecimietos nacionales e internacionales, por el que atravaesaba el País, tan traumáticos que auguraban una difícil batalla por la retención del poder.
No logró imponerse el muro de los principios cuando cuando el embate de la corriente reelectorera hizo olas.
Fué entonces cuando la agudeza de la lanza que porta el estandarte de los principios que sustentaban la historia de la firmeza política, racional y conceptualmente afirmada en las tradiciones del pensamiento dominicano mejor depurado y acendrado en los principios de la fuerza de la democracia y sus hechos gubernamentales mejor valorados en nuestra historia, fué recogida por Hatuey De Camps junto a un valiente conjunto de dirigentes que se decidieron a enfrentar ese estropicio inaceptable protagonizado en contra de los mejores intereses de la democracia, cara demás, que el PRD ha defendido a fuego y sangre durante unas seis décadas.
Por su lado, en el PLD, más allá del regalo constitucional que le brindara ese intento de Hipólito Mejía, con el respaldo de todos aquellos dirigentes arrodillados ante un torero que los canzó con Pases de Verónica, revertido cual boumerang contra el propio PRD, no titubeó para ir más allá y lograr zarpazo reelectorero contra la constitución, para despejar el camino a los intentos que supuestamente quedaban ceerrados luego de la chapuza reformadora martillada durante el gobierno de Hipólito Mejía, permitiendo así que se abran nuevas ocasiones legales para que vuelvan a ser postulados los presidentes salientes.
Danilo Medina, "vencido por El Estado", hizo mutis ante la repostulación del Dr. Leonel Fernández y lo mismo hace en estos momentos cuando los aires ardientes amenazan con desatar una nueva tormenta política, ética y moral, ante los anunciados propuestos políticos que se dirigen a violentar la propia constitución para conducirnos a otro intento de continuismo impuesto, forzado, ilegal y cuasi violento, contra la Democracia y contra los intereses mínimos y los máximos de la población más desposeída, la que ha salido con peor partida de este gobierno reelecto que hoy nos conduce.
José Tomás Pérez y Franklin Almeida, Francisco Javier, Radamés Segura, otros connotados líderes peledeistas, no han hecho silencio, sino que han anunciado insistentemente sus respectivos actos de sumisión incondicional a las voluntades reelectoreras del Presidente Fernández, condicionando las disposiciones electorales de sus respectivos liderazgo a los deseos de repostulación del Presidente.
Así es que, sin eufemismos, sin retorcimientos, sin acondicionamientos ni excusas maquilladas, el único líder político de este momento, con características cultivadas, desarrolladas, creíbles y tangibles, para afrontar un proceso gubernamental de transcición entre los vicios que han generado los procesosr reelectoreros, no comprometido con la duda de respaldar o intentar gobernar para fomentar un proyecto reelectorero en caso del llegar al poder, es, a nada de dudar, Hatuey De Camps.
Un líder que ha dado señales racionales y firmes de vivir alejado de las colusiones criminales de los sustentados por los poderes del Estado, alejado del nepotismo partidario y familiar, alejado desde sus funciones estatales de la promoción de ventajas económicas familiares ni compromisarias con los desfalcos propios de los ejercitantes del poder cuando se aposentan en las más poderosos e influyentes escritorios del Gobierno de turno.
Fueran quienes fueran los ostentantes de las candidaturas presidenciales que se presentaran en las próximas elecciones, entiendo que sobran razones para entender que siendo necesario, como es en este momento, enderezar la ruta por la que se conduce el ejercicio gubernamental dominicano, atocigado de compromisos espurios de los que no podrían liberarse los pretendientes antes citados, a nuestra sociedad le urge un encamisado político voluntarioso, ético y moral, capaz de enfrentar un proceso de corrección de la ruta de la derrota que como sociedad estamos transitando en estos momentos.
La Ruta tiene que ser corregida. Hatuey De Camps es en estos momentos el referente más firme para iniciar y encaminar un proceso libre para la reconstrucción de nuestra Democracia para llegar a la Ruta Corregida que iniciamos en el PRSD.
sábado, 30 de octubre de 2010
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