domingo, 28 de febrero de 2010

PRSD, LA RUTA CORREGIDA II El PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA, PRSD, EL PARTIDO DEL TORO, SE ERIGE COMO LA RUTA CORREGIDA

Después de haber estado ocupando el Solio Presidencial en dos ocasiones, en el año 1924, sucediendo a los gobiernos sustentados por la ocupación impuesta por el gobierno estadounidense a partir del 1916, el Presidente Horacio Vázquez llegó a asumir la Presidencia de la República, lográndolo esta vez mediante el voto popular, tras las elecciones organizadas por el Gobierno de Transición, -aún estando el país intervenido militar administrativamente-, dentro del marco de la constitución entonces vigente, que fijaba el período del ejercicio presidencial en seis años.

Una nueva constitución fue votada durante el período de transición, la cual introdujo el cambio de vigencia del período presidencial de seis a cuatro años. Juristas como don Apolinar Henríquez, propusieron el derecho del Presidente Vázquez a mantenerse acogido a las estipulaciones contenidas en la Constitución vigente durante el proceso electoral mediante el cual fuera proclamado presidente electo.

Tal vez las difusas fronteras del derecho que aún hoy contraponen las opiniones esgrimidas por juristas de todas las latitudes histórico-culturales, sirvan a la validez para aquellas proposiciones, encontradas con la de otros que asumen la vigencia inmediata de lo concertado, aprobado como cambios de los textos constitucionales.

Sinembargo, ante el valor político, histórico y racional prudencia de los criterios de legitimidad antepuestos frente a las dudas y convicciones generales de la ciudadanía, sostén fundacional del criterio de Estado, las imposiciones forzosas se convierten en temeridad y arrogancia generadoras de efervescente inestabilidad y desequilibrios sociales.

Así fue como aquellas ganancias de la argumentación jurídica, contrarias a la legitimidad que se asentaba en el sentir general, elevaban olas de de rechazo y despertaban de nuevo las semillas de las conspiraciones y los levantamientos pausados durante los últimos años, luego de las rígidas imposiciones militares escenificadas por la administración de ocupación militar impuesta por Estados Unidos.


Aún más allá de estos motivos expuestos, el presidente Horacio Vázquez también se aprestaba a buscar arreglos para ofrecerse a la repostulación para un nuevo período presidencial. La semilla de la contradicción y el disgusto popular ya estaban sembrados, antes de que el proceso electoral tomara curso irreversible, sobrevino la rebelión cívico-militar que dio al traste con el ejercicio presidencial de Horacio Vázquez.


Se abría así la brecha facciosa que propició la asunción de Rafael Trujillo a la presidencia de La República, precedido y seguido de una entusiasta y fanática admiración que respondían a las ansiedades que se extendían tras los fracasos de la administración de la economía que languidecía ante la caída de los precios de las exportaciones agrícolas, con las consecuencias histórico-políticas-sociales que todos conocemos: un régimen de miedo, latrocinio oficial, abusos y conculcación de derechos, generado en gran medida, por las ambiciones reeleccionistas y retorcimientos jurídico-electoreros de los políticos en quienes el pueblo habría puesto su fe.



Luego de la caída abrupta del régimen de Trujillo, nos sobrevino un período de acentuada inestabilidad política. La Oligarquía profesional y económica que había denunciado al régimen trujillista, se congregó en torno a organizaciones que actuaban cargadas de entusiasmos y fanatismos, sin ideologías ni proyectos con metas claras u homogéneas.

Una multitud de siglas y nuevos anuncios políticos improvisados terminaron nucleándose alrededor de la Unión Cívica Nacional, que luego devino en el partido de la oligarquía que no logró la cohesión necesaria para evitar ser derrotados en las urnas, tras el primer proceso electoral nacional que signaba la nueva era.

Las contradicciones internas y los errores discursivos, pronto colocaron a la nueva organización en la ruta del precipicio político, tanto como que, desesperados por asumir al poder político, terminaron involucrados de modo abierto en la trama que dio al traste con la breve permanencia de sólo siete meses del primer gobierno elegido libremente por los dominicanos luego de la era de Trujillo. El desastre político de la organización fue total. Los que le habían seguido con tantas esperanzas de construir una organización política ejemplar, habían tomado una ruta equivocada, una ruta incorrecta.



Mientras se organizaba el desmantelamiento de la maquinaria gubernativa del régimen de poder del poderoso trujillato, regresaron al país los miembros directivos y fundadores del Partido Revolucionario Dominicano, cuya vigencia sólo se expresaba entonces como un partido que representaba la voz del extendido movimiento de exiliados dominicanos.

Este partido contaba con las orientaciones políticas de varios dirigentes de acendrada formación política y cultural, eran militantes con experiencias marcadas por la lucha patriótica organizada. Dirigidos por Juan Bosch, lograron atrapar la confianza popular, expresada en un sentimiento de confianza y propiedad total al derecho de expresión que se inauguraba en el contexto político nacional. gente otrora signada como afecta al trujillismo, jóvenes sindicados como socialistas, antitrujillistas, estudiantes, obreros y campesinos, fueron subyugados por ese sentido de identidad total con su idiosincracia que le generaran las alocuciones que a diario les dirigía Juan Bosch con su consigna de de "borrón y cuenta nueva", sumada a su proverbial y bien cultivada capacidad histriónica para comunicarse con cada uno de los dominicanos según sus propias maneras de entender.

El PRD y Juan Bosch, con sus enseñanzas, sus valores democráticos, su identificación con la cultura y las costumbres populares, sus promociones propagandísticas y educativas basadas en la consigna de "Vergüenza contra dinero", la exaltación al nacionalismo y a las calidades morales de los pueblos y los ciudadanos, la defensa del patrimonio nacional, el derecho de todos los ciudadanos a la igualdad ante la ley así como sus proyectados programas de popularización de la educación y de combate a la abyección social que se enquista en la pobreza de recursos educativos, se convirtieron en La Ruta a Seguir por la gran mayoría de los dominicanos.

Luego de conducir una exitosa campaña electoral, Juan Bosch fue elegido presidente y promovió que se votara una Constitución, valorada la misma como no superada aún por ningún otro documento de igual categoría, en la historia dominicana. Juan Bosch fue derrocado por iniciativas generadas por el contubernio alimentado por oscuras fuerzas políticas nacionales y los militares trujillistas siguiendo orientaciones del disgustado poder extranjero estadounidense, este que resentía el carácter populista del estilo de gobierno de Juan Bosch, en cuya "desviación" percibía alguna nota de insubordinación a la égida de su tradicional gravitación en la administración del poder en Republica Dominicana.

Tan convencido estuvieron los dominicanos de que en materia de política de gobierno la Ruta Correcta era la trazada por Juan Bosch, que a apenas un año y medio de su derrocamiento se produjo una revuelta revolucionaria con carácter de sublevación popular para reclamar su regreso a dirigir los destinos del gobierno dominicano, revuelta ésta que llegó a alcanzar categoría de guerra patriótica generada como respuesta contra la invasión militar norteamericana que llegó para aplastar la triunfante revuelta que repondría a Juan Bosch en la dirección del gobierno constitucional interrupto.

El PRD y Juan Bosch siguieron, sinembargo, capitalizando el favor del sentimiento y el reconocimiento popular, muy a pesar de las acciones represivas y de la proliferación, institucionalización y extensión de la corrupción generalizada en los gobiernos dirigidos por Joaquín Balaguer, quien, respaldado por la tutela imperialista, pudo y supo maniobrar para someter bajo su control todas las fuerzas fácticas para el control absoluto del poder gubernamental, bajo un supuesto estado de derecho incapaz de organizar unas elecciones mínimamente decentes.

Así las cosas de nuestra situación política, el pueblo le siguió profesando su fé política, militante y moral a Juan Bosch y al PRD, tanto así que, aun aquel habiendo abandonado las filas del partido, siguió mereciendo una elevada cuota de consideraciones y respaldos, manifiestas, sobretodo, cuando en el 1990, una división interna del PRD, consciente su militancia de que le era imposible ya recuperar la debida unidad partidaria interna, Juan Bosch recibió el respaldo de la población para ser votado de modo claro como ganador seguro de las elecciones del momento, triunfo que, sinembargo, le fue escamoteado mediante subterfugios protolegales, una vez más escenificados por la maquinaria balaguerista entonces en el poder.

Por su lado, el PRD, ya sin Juan Bosch, pero bajo las orientaciones de sus alumnos mejor aprovechados, Peña Gómez, Hatuey Decamps y otros, mantuvo siempre su gran respaldo popular, basado en en esa confianza que se generaba en la esperanza nacional de que PRD propiciaría la llegada de un gobierno interesado en mejorar la situación de miseria y desigualdad aberrante que signa las conquistas democráticas y las relaciones económicas entre las clases dominicanas.

En 1978, tan pronto como lo permitieron los poderes que mantenían trabado el acceso al poder del PRD, bajo la firme e inteligente dirección encabezada por Peña Gómez, este participó en las elecciones presidenciales obteniendo un masivo respaldo popular, reconocimiento que volvió a expresarse en 1982, y que, francamente merece reconocerse, que lo mantuvo hasta el momento en el que fue puesto en marcha un desajustado y malopinado proyecto de repostulación presidencial propiciado por fuerzas internas enquistadas en el poder, durante la presidencia del Sr. Hipólito Mejía. Hasta entonces, ha de reconocerse, nunca las fuerzas populares le negaron su respaldo masivo al liderazgo perredeísta y un gran reconocimiento a sus líderes.

Este cuadro político marcó la desviación definitiva de la Ruta de la calidad política moral y popular del PRD histórico. De Peña Gómez, vale recordar, que tras la fatídica modificación constitucional, aviesamente armada para impedir su ascenso al poder, obtuvo un trastornado reconocimiento electoral tan masivo como jamás antes se registrara en unas elecciones libres, cuyos resultados, sinembargo, no sirvieron en ese momento para ascender al solio presidencial, pues se acababa de aprobar el proyecto de elecciones que exigía un 50 % de las votaciones para ganar el derecho a presidir el gobierno, una trampa diseñada con los hilos de la perspicacia balaguerista.

El ascenso del PLD, con el Dr. Leonel Fernández como presidente, ha provocado que las otrora líneas de formación y consolidación del pensamiento boschista prevalecientes en la mente y la conducta de la militancia peledeísta hayan desaparecido para dar paso a una Ruta de las incertidumbres ideológicas y confusos mensajes neoliberales por un lado y francamente fascistas por otro.

Las calidad de las correcciones inspiradas en las enseñanzas y prácticas auspiciadas por la acendrada formación política de su militancia, se desvanece de modo irreversible tras una ruta de desafueros políticos signados por la corrupción administrativa. la colusión y el crimen. La Ruta Boschista ha sufrido una desviación fundamental que se forja como irremisible tramo de una Ruta que nos dirige hacia los abismos de la desaparición como Estado que merezca el respeto de su ciudadanía.

Hoy, tras el desvanecimiento de la Ruta Boschista que otrora se propusiera seguir el PLD y tras el desmoronamiento de las ideas que condujeran las motivaciones para la existencia y vigencia políticas del PRD, la corrección de una ruta política capaz de recoger y reordenar las virtudes de las enseñanzas boschistas, sus principios éticos, sus formulaciones para la implementación de un régimen merecedor del respeto nacional de todos sus ciudadanos y el respeto y reconocimiento internacional de todo el mundo, así como el orgullo y la satisfacción de cada ciudadano de sentirse dominicano, El PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA, PRSD, EL PARTIDO DEL TORO, se erige como La Ruta Corregida.

La Ruta hacia la que se conducen todos los pensamientos de los dominicanos que aspiren a obtener, mantener y cuidar las reivindicaciones de la ciudadanía dominicana que reclama una conducción política ética y capaz, más allá de eufemismos mediáticos, una conducción administrativa basada en la histórica conducta que registra la probada capacidad técnica, calida moral y respaldo popular de sus líderes y dirigentes. El PRSD, El Partido del Toro, representa La Ruta Corregida del pensamiento político, capaz, ético y moral de su liderazgo y militancia.