viernes, 19 de septiembre de 2014

CARTA A DOÑA MARGARITA DE FERNÁNDEZ



Señora,
Doña Margarita María Cedeño Lizardo de Fernández
Honorable Vice-Presidente de la República Dominicana

Excelentísima Señora:

Deseo expresarle, Muy Respetuosamente, mi firme convicción de que a muchísimos dominicanos Vuestra Excelencia nos merece . gran respeto y admiración ante los reconocidos esfuerzos que han colocado su imagen pública en la primacía de la distinción, en su momento como Primera Dama, como Vicepresidente y como dirigente política.

Ha sido V. E., víctima de mal fundadas e insensatas molestias provocadas por el quebrantamiento de los nobles fueros de la libertad de expresión, a cuenta de la sin razones politiqueras. Este hecho ha sido sancionado social y políticamente por toda la buena ley del pensamiento dominicano, intelectual y popular y hasta por los más embarazados medios públicos.

No obstante, igualmente cierto es que en nuestros días, dado el hecho igualmente ciertísimo de que en nuestra sociedad política se cultiva con éxito sin igual, el vicio de ejercer el poder gobernante en forma de abusos contra ciudadanos afectados de manifiesta debilidad para enfrentar esos abusos, las denuncias mediáticas a cargo de las contradicciones políticas que suelen ser perseguidos judicialmente desde las cumbres del poder, se enfrentan, aun fuera con las brisas de razón a favor de V.E., con la resistencia popular que se permite desahogar así las frustraciones provocadas por aquellos acostumbrados abusos en su contra,

Así las circunstancias en las que hoy se bate el caso de aquel peor guiso protagonizado por un tan inoportuno y mal expresado ciudadano en contra de su Dignidad que en V.E. se resume su quehacer público, habiendo sido el pro-actor puesto en juicio a cargo de Los Tribunales de La República por diligencias de V.E. misma, acción esta que deja instalado un escenario propio para exacerbar los ruidos parciales de un circo, en el que lados opuestos que ocupan el gran anfiteatro gritan por sangre de cualquier lado.

Cuatros serían los escenarios posibles más probables, a saber:

Primero: el justiciable es condenado en un proceso criminalizado. Nadie saldría a celebrar el triunfo de un águila gigantesca sobre una asustado hurón corriendo sin escape sobre el descampado dominado por su visión telescópica y su poder de vuelo imbatible. Todo lucirá como un reprochable acto de abusadora fuerza excesiva. La presa pasará ganar el favor masivo de la denominación pública de "preso del poder político". Cumplirá una condena de mínimo tiempo y saldrá evidentemente fortalecido públicamente, cargado en andas como héroe, irá como candidato indiscutido de algún proyecto político después de muchísimos reclamos y consejerías para que sea indultado.

Segundo: El justiciable es condenado en un proceso criminalizado e indultado, hecho alimentado por alguna bonhomía de su propio espíritu. El mismo justiciado se beneficiará del hecho y hará extender la idea de que se sintió obligada ante las presiones y el remordimiento ante los supuestos populares de una justicia viciada y mal aplicada a complacencia del poder de una justicia con menos o más razón, altamente cuestionada por doquier. Este caso solo contribuiría a dañar más esa imagen.

Tercero: El justiciable es descargado. Sería este el escenario harto iluminado para la proclamación de una pérdida irreparable sobre la magníficamente bien plantada imagen pública de V.E. Jamás le acarrearía en este caso favor alguno, en el que todas sus diligencias lucirían como inconsulta necedad, huérfana de profesionalidad en el ejercicio jurídico de los actores responsables de llevar el asunto.

Y Cuarto: El justiciable es condenado a una reparación por daños y perjuicios morales en favor de V.E. y liberado de los cargos criminales, posibilidad que todas las circunstancias, luce que sería el desenlace más probable, cuando las dificultades que obran para probar que el mismo imputado falsificara algún documento, cuando lo que si habría ocurrido es que hiciera público uno que supuestamente habría recibido por las rutas que hoy siguen las comunicaciones digitales.

Esta salida provocaría la misma sensación de triunfo que si hubiera sido descargado, dado el caso de que la acusación basada en los cargos criminales de falsificación de documentos, hecho principal y único auténticamente relevante para los propósitos perseguidos en el caso, habrían sido derrotados y como en el caso del simple descargo, el imputado se erigiría triunfante como héroe que ha vencido la superioridad que habría buscado aplastarlo.

Yo, humilde diletante de estos medios, V.E., Vice-Presidente de la República, si por cuenta de las casualidades astrales este mensaje alcanzara a inmutar la tranquilidad de sus muchísimo más oportunas ocupaciones de Estado, le ruego meditar sobre la posible validez de estos supuestos y que si merecieran su atención, "suelte en banda" el caso de ese saltacocote a quien resulta que desde ya se le están abriendo rutas de sólo ganar y a V.E, con todo respeto, en este caso, de sólo perder.

Muy Respetuosamente, Julio Ramírez