La conciencia política colectiva del PRD, significada en sus bases y en la voz pública y mediática de su encabezado político: liderazgo y dirigencia, viene siendo defraudada decepcionantemente por este encabezamiento ante la crisis moral y política tan profunda que en este momento corroe a este partido, símbolo de la democracia política en República Dominicana.
La crisis es profundamente política. Dos facciones, una de ellas ramificada a su vez en varias efluencias ideológicas de difìcil conciliación más allá de coincidencias electorales. La otra, fundamentalmente obediente a única directiva, libre de versificaciones doctrinarias, empotrada sin pensamiento ideológico alguno que no sea la conquista del triunfo electoral que le permita acceder a la dirección del gobierno como meta socioeconómica y edonista.
Ambas inclinaciones partidarias se hallan contrapuestas entre ellas en lucha por el dominio de la dirección del partido y por el aseguramiento del poder para decidir las propuestas sobre cargos elegibles al mirar hacia las elecciones del 2016 próximo, se sienten compelidas de facto a presentarse frente al gobierno actual como muchachos mandaderos de obediencias arrendadas, condescendientes, conciliadoras y sometidas a las medidas públicas del gobierno actual, tratan siempre de evitar molestar el ánimo del Partido Oficial y el rendimiento mediático, dominante y amenazante de sus potros que dominan los poderes para arrasar con cualquier competidor flaco y descompensado, lo mismo que ocurre frente a los tribunales superiores en vista de que estos ostentan la autoridad para decidir sobre los diferendos contenciosos que a diario enfrentan las contraposiciones entre los actores que se desgastan como bloques de sal que arrastra a la corriente.
Toda medición del realismo político dominicano sigue reportando que el sentimiento perredeísta sigue incólume como religión principal del pensamiento conscientemente democrático que invade a los dominicanos.
Sin embargo, hoy día, el líder mejor reputado por su experiencia, capacidad profesional y completa formación como conductor y organizador político, desarrollado dentro del mismo PRD durante los últimos ciencuenta años, Hatuey De Camps,durante los últimos años no ha estado al frente de las decisiones fundamentales de dicho partido, por lo menos formalmente, hecho que ha sido uno de los factores bien decisivos para que primen las incongruencias e irracionalidades que hoy mantienen al partido y su militancia imbuidos en un permanente rompimiento de la regularidad en la sucesión del mando institucional.
Como resultado de este despedazamiento interno que deja sin rumbo las funciones democráticas de vigilancia y oposición propias del reclamo polìtico de las bases que sustentan la razón de ser del PRD, han quedado anuladas, completamente ausentes del discurso público, o, peor todavía, sumido a la voluntad de los lineamientos estratégicos del Partido Gobernante.
Hoy, desde el perredeísmo clásico sólo Hatuey De Camps ha sido capaz de oponer su discurso con efectividad mediática a los desafueros de los Super Tribunales del Poder Judicial que instaló el Presidente Leonel Fernández como quinta pata de su planificado regreso al mando presidencial.
Sólo Hatuey De Camps ha hecho valer su posición opuesta al vicio de transarlo todo, en favor de la preservación racional de nuestros ecosistemas amenazados de ser sometidos a la vorágine de las explotaciones mineras despiadadas, sin miramientos ni prudencias morales ni científicas.
Hoy, sólo Hatuey De Camps advierte sobre la pulcritud que debe prevalecer en los contratos que comprometen al Estado en materia de las mega construcciones de vías de comunicación, plantas de generación energética, proyectos de viviendas.
Hoy, sólo Hatuey De Camps advierte las manipulaciones de la Economía de Estado a través de los planes de asistencia social y el deterioro del valor acumulado de los ya billonarios fondos de pensiones de los trabajadores dominicanos.
Hoy por hoy, resulta clarísimo, harto evidente que el certificado único de garantías para el amparo político y moral con el que cuenta la Nación que reclama el enderezamiento de la función estatal, es el tallado del liderazgo puro y completo de Hatuey De Camps, líder listo y dispuesto a corregir la ruta del atraso y las indefiniciones democráticas y sociales que mantienen el encerramiento en el atraso de la salud, la alimentación y la educaciòn nacional. La Ruta tiene que ser corregida.
martes, 18 de febrero de 2014
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