Han sido inútiles todos los esfuerzos y señales enviados a la administración actual de El Estado dominicano conducida por el Presidente Leonel Fernández, por parte de nuestro partido PRSD, El Partido del Toro, en el sentido de humanizar, modernizar y estrechar la brecha tan ancha existente entre una sociedad de poder ilimitado y la sociedad que aporta la mano en esta obra o proyecto dirigido, supuestamente, a la construcción de una democracia estable y de amplia base legal, ética y plural.
Las deformaciones administrativas que ladean con torpeza peligrosa y amenazas de hundimiento la conducción de la economía pública aplicada, intentando conducirla con los criterios de fórmulas escritas en libros diseñados para dirigir las economías ultraliberales de los estados del post-capitalismo altamente industrializado, han venido convirtiendo a nuestro entorno social, político, económico y educacional, en una Chica da Silva, aquella esclava analfabeta convertida en caricatura de dama colonial brasileña, presumida y mal educada que todo lo adquiere, lo mal usa y lo derrocha como basura mientras su pueblo sufre los peores rigores del infierno social de la esclavitud criminal que le aplican sus colonizadores.
Reconducir La Ruta, corregirla, cuesta sacrificios y expresión de voluntades que los actuales gobernantes no parecen proponerse como lógica de sus agendas en la lucha por la superación de las miserias que padece el pueblo dominicano allanado mayoritariamente en su infelicidad y su común falta de oportunidad para superarla, por el contrario, continúan multiplicando los zarpazos, tanto de la corrupción administrativa que se ha entronizado como poder absoluto, ley, batuta y constitución entre sus ministros, que ha terminado traduciéndose en un vasto e indomable desorden institucional, abuso criminal de poder y criminalidad oficial contra la vida, dirigidos contra los bienes públicos y contra las oportunidades de los sectores sociales más deprimidos para salir de el estado esclavizante de su pobreza extrema.
Para el PRSD, tomar la decisión de salir a respaldar una de las fuerzas políticas que en su momento constituyó el blanco más directo de nuestras denuncias contra la falta de dirección democrática en favor de las reivindicaciones más perentorias y sentidas del pueblo grande, nos resultó en una obligación moral, un inevitable reconocimiento a que lo contrario habría sido asumir el rol de cómplices conscientes de una realidad que se nos avalanzaba aplastantemente peligrosa contra el futuro democrático de nuestra sociedad como nación que busca mantener la paz interna y el crecimiento colectivo de todos sus ciudadanos y habitantes. Nuestra alianza junto al PRD, para asistir a las próximas elecciones del 20 de mayo respaldando a Hipólito Mejía como candidato común cumple con la lógica de la moral y la ética política contra los peores propósitos que amenazan con meternos en un atolladero, una convulsión social de curso y final imprevisibles.
Nuestras opciones no aceptaban dudas: había que proponerse detener el concupiscente propósito de aposentar en El Estado el proyecto vigente de extender esta dictadura de colusiones e ilegitimidades disfrazadas y burlescas contra la ley, el honor y nuestro proyecto de nación fomentada sobre los cánones de la democracia amplia. Esos nefastos propósitos, ya harto denunciados por Hatuey De Camps, presidente del PRSD, tienen que ser parados de golpe mediante una votación masiva contra sus proponentes y pretendidos beneficiarios. La Ruta tiene que ser corregida.
El PRSD así se lo ha propuesto, el freno al continuísmo ha de ser la consigna nacional, dispuestos a parar el ritmo de dilapidación irresponsable de tantos recursos financieros del erario público que provoca la quiebra moral de nuestro sistema educativo, del crecimiento agropecuario y de nuestro desarrollo social general. La Ruta tiene que ser Corregida.
viernes, 6 de abril de 2012
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