La sociedad económica regida por los impulsos que definen y caracterizan el lucro capitalista, lo mismo que las competencias guerreras propias de las luchas ordenadas por los mandatos biológicos, hegemónicos del poder, la sobrevivencia y las superaciones evolucionistas, nos inducen a escalar cuantos obstáculos se nos opongan, siempre en pos de sobrepasar metas, cada vez más desafiantes consecuentes con la evolución. Acumular poder capitalista, es acumular poder biológico, supremacía, biológica, cumplir con las órdenes y metas de la superación biologicista vital, material.
No caben, en los propósitos de estas competiciones, otras consideraciones finales que no obedezcan a las neurovoluntades diseñadas para imponer la superioridad de la inteligencia, la supremacía material, biológica, El capitalismo no procura allanamientos, rellenos, emparejamientos reversibles.
Busca dar saltos gigantescos, avasalladores, Nada de arreglos ordenados sin sobresaltos entrópicos de elevados consumos, expolosivos. El capitalismo precisa, se alimenta, deriva y define las altas diferecias, las separaciones bruscas.
Así, por tanto, su fuente alimenticia demanda esas brusquedades de las grandes separaciones económicas, interculturales, los encuentros entre mundos separados, los aprovechamientos de las diferencias entre sociedades, los desordenamientos, los cataclismos guerreros, los ruidos de cacerolas vacías, los ensordecedores disparos de bombas lacrimógenas, las movilizaciones, las tomas de espacios diversos, las detonaciones y llamaradas de basureros y neumáticos, los ruidos estudiantiles, etc.
Quizás sean estas premisas las que se estarían tejiendo entre los más desconsiderados, insensatos, calenturientos mozos del espectáculo polítiquero que buscan desordenar los órdenes del crecimiento económico, de la estabilidad consensuada, de los exhibicionismos politiqueros, de los anunciadores comerciales escandalosamente enriquecidos contra vientos y mareas.
Solo la tranquilidad del equilibrio social, el crecimiento ordenado del conocimiento, las llanezas del crecimiento comunitario arreglado, garantiza la paz de los vivos. Solo es posible desescandalizar las reformas, acudiendo a la sensatez de un consenso fundado en los allanamientos de los grandes saltos económicos, el allanamiento de los poderes recaudadores del gran capitalismo.
Carece de sentido objetivo inflamar las miserias de la inseguridad social propia de los desposeídos, de los desafortunados, de los consumidores que todo lo pagan a través del poder recaudador del comercio capitalista implacable, inmedible, espurio, que no reconoce medida ni acepta límites.
Solo las acumulaciones capitalistas benificiarias de los aportes recaudados desde el comercio, manejado por los inmensos capitales, pueden y saben como lograrlo, reducir los grandes deficits comerciales y sociales. Saben como reconducir y evitar catástrofes sociales.
Cualquier arreglo fiscal, recaudador, queda en sus manos. Los grandes números, beneficiarios de esos grandes aportes, estan obligados, responsablemente, a crear la propia estabilidad social que tanto les favorece. Enchinchar las masas, constituye una imprudencia. Crear desempleo, descuidar la actividad productiva, exprimir los ingresos más estrechos, no es sano, no conviene, daña, desestabiliza, es arriesgado.
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