CON CONCÓN, SI, CON CONCÓN
Entre los inagotables intentos encabezados por Hatuey De Camps, Presidente del PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA ¨El Partido del Toro¨, que buscaba la conformación de un gran consenso entre todos los partidos políticos y otras agregaciones sociales que se oponían al propósito de reelección presidencial pretendido por Danilo Medina, hubo esfuerzos que rayaron con el estrés del sacrificio vital.
Conocida de todos los dominicanos es la condición de salud del Sr. De Camps que desde hace un decenio mantiene una titánica batalla contra una desgarrante afección casi mortal. Todos los esfuerzos imaginables fueron hechos por alcanzar ese consenso político y social que diera al traste con las ambiciones del procedo que buscó mantener al frente de la Presidencia Nacional al mismo Presidente en ejercicio a quien le correspondería entregarla al final de un cuatrenio como era entonces el mandato de la Constitución.
Todos los actores convocados, con excepción del mismo Hatuey De Camps, se negaron a poner sin condiciones sobre la mesa de las discusiones sus propios proyectos presidenciales, sin importar cuanto daño se le hiciera al propósito antireeleccionista por el que se esforzaba el dirigente De Camps. Después de este ¨peregrinaje¨ fracasado, como este mismo lo llamara, ningún resultado podría esperarse distinto al del lógico apabullamiento electoral sufrido.
Hoy, por La Patria y por la gobernabilidad disturbada por los reclamos electorales de las distintas parcialidades que compitieron en los recién concluidos comicios, los dominicanos quedamos obligados a hacer un aparte, una pausa por la tranquilidad social que nos obligan la civilidad y las urgencias del desarrollo económico.
El Gobierno está obligado a dar el frente con mesura y sabiduría en torno a la religión del Estado Democrático que a todos nos atañe y congrega: la paz ciudadana. Una concertación entre las mejores voluntades políticas, laborales y democráticas, ha de culminar en una estructura de Gobierno Ampliado fundado en un plan sincero y serio de inclusión total de toda la estructura política nacional en concepción y las decisiones de un plan de Estado Unificado, ideológica y administrativamente viable y funcional.
Las estructuras económicas de La Nación Dominicana, han estado creciendo sostenidamente en favor de su desarrollo social en general, sin embargo, un proceso de desestabilización e incertidumbre política, puede corromper la fragilidad de su estructura económica, hoy, cuando grandes proyectos dedicados a la solución de problemas ancestrales y tan críticos como el transporte masivo, el suministro de energía, la inseguridad ciudadana, el turismo y la inversión extranjera, se hayan en pleno desarrollo.
Ojalá que la sensatez colectiva prime y se impongan los planteamientos más racionales en la búsqueda obligada del magno propósito del Estado Democrático de Derechos, convenida como prioridad la firme y sostenida ampliación de la distribución de las crecientes riquezas producidas a cargo de todos los esfuerzos de los dominicanos, especialmente tras la mal e injusta explotación de la mano de obra trabajadora y la expoliación de sus derechos mínimos a una sana formación general. Error este que retrasa todos los índices del desarrollo humano al que ha de aspirar todo Estado racionalmente concebido.
El Gobierno encabezado por Danilo Medina, debe, hoy mejor que antes, co-honestar, con-ectar, con-ceder, con-certar, com-partir, con-venir, con-cernir, con-ducir, con-doler, con-fraternar, co-habitar, com-poner, con-sistir, con-sumar, en fin, con-vivir y crear un clima de con-fianza plena en sus ejecutorias, entonces todos los dominicanos nos sentiremos con-sustancialmente ganadores ante este atropellado proceso de reelección gubernamental que bien puede ser inteligentemente re-con-vertido en éxito de toda la ciudadanía nacional dominicana.
La Ruta de los desalientos y la desconfianzas debe concluir y pasar a ser La Ruta Corregida. La Ruta de la sabiduría y la sensatez ofrecida por Hatuey De Camps para contar con su fe en nuestra Nación.
Entre los inagotables intentos encabezados por Hatuey De Camps, Presidente del PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA ¨El Partido del Toro¨, que buscaba la conformación de un gran consenso entre todos los partidos políticos y otras agregaciones sociales que se oponían al propósito de reelección presidencial pretendido por Danilo Medina, hubo esfuerzos que rayaron con el estrés del sacrificio vital.
Conocida de todos los dominicanos es la condición de salud del Sr. De Camps que desde hace un decenio mantiene una titánica batalla contra una desgarrante afección casi mortal. Todos los esfuerzos imaginables fueron hechos por alcanzar ese consenso político y social que diera al traste con las ambiciones del procedo que buscó mantener al frente de la Presidencia Nacional al mismo Presidente en ejercicio a quien le correspondería entregarla al final de un cuatrenio como era entonces el mandato de la Constitución.
Todos los actores convocados, con excepción del mismo Hatuey De Camps, se negaron a poner sin condiciones sobre la mesa de las discusiones sus propios proyectos presidenciales, sin importar cuanto daño se le hiciera al propósito antireeleccionista por el que se esforzaba el dirigente De Camps. Después de este ¨peregrinaje¨ fracasado, como este mismo lo llamara, ningún resultado podría esperarse distinto al del lógico apabullamiento electoral sufrido.
Hoy, por La Patria y por la gobernabilidad disturbada por los reclamos electorales de las distintas parcialidades que compitieron en los recién concluidos comicios, los dominicanos quedamos obligados a hacer un aparte, una pausa por la tranquilidad social que nos obligan la civilidad y las urgencias del desarrollo económico.
El Gobierno está obligado a dar el frente con mesura y sabiduría en torno a la religión del Estado Democrático que a todos nos atañe y congrega: la paz ciudadana. Una concertación entre las mejores voluntades políticas, laborales y democráticas, ha de culminar en una estructura de Gobierno Ampliado fundado en un plan sincero y serio de inclusión total de toda la estructura política nacional en concepción y las decisiones de un plan de Estado Unificado, ideológica y administrativamente viable y funcional.
Las estructuras económicas de La Nación Dominicana, han estado creciendo sostenidamente en favor de su desarrollo social en general, sin embargo, un proceso de desestabilización e incertidumbre política, puede corromper la fragilidad de su estructura económica, hoy, cuando grandes proyectos dedicados a la solución de problemas ancestrales y tan críticos como el transporte masivo, el suministro de energía, la inseguridad ciudadana, el turismo y la inversión extranjera, se hayan en pleno desarrollo.
Ojalá que la sensatez colectiva prime y se impongan los planteamientos más racionales en la búsqueda obligada del magno propósito del Estado Democrático de Derechos, convenida como prioridad la firme y sostenida ampliación de la distribución de las crecientes riquezas producidas a cargo de todos los esfuerzos de los dominicanos, especialmente tras la mal e injusta explotación de la mano de obra trabajadora y la expoliación de sus derechos mínimos a una sana formación general. Error este que retrasa todos los índices del desarrollo humano al que ha de aspirar todo Estado racionalmente concebido.
El Gobierno encabezado por Danilo Medina, debe, hoy mejor que antes, co-honestar, con-ectar, con-ceder, con-certar, com-partir, con-venir, con-cernir, con-ducir, con-doler, con-fraternar, co-habitar, com-poner, con-sistir, con-sumar, en fin, con-vivir y crear un clima de con-fianza plena en sus ejecutorias, entonces todos los dominicanos nos sentiremos con-sustancialmente ganadores ante este atropellado proceso de reelección gubernamental que bien puede ser inteligentemente re-con-vertido en éxito de toda la ciudadanía nacional dominicana.
La Ruta de los desalientos y la desconfianzas debe concluir y pasar a ser La Ruta Corregida. La Ruta de la sabiduría y la sensatez ofrecida por Hatuey De Camps para contar con su fe en nuestra Nación.