RECONSTRUCCIÓN DE LA UNIDAD PERDIDA
En el PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA, PRSD, "El Partido del Toro", ningún acontecimiento político o social, nacional o mundial, nos es indiferente.
Todo nos importa.
Mucho más cuando el hecho toca la materia que explica nuestra existencia organizada en sociedad política.
Así es como no somos indiferente a los acontecimientos políticos como uno que ocupa en estos momentos los medios de opinión pública nacional.
La controversia suscitada en torno al Partido Revolucionario Dominicano, PRD y el Partido Alianza Social Demócrata, ASD, institución política esta que ha sometido ante la Junta Central Electoral, una solicitud de cambio de nombre, para pasar a denominarse Partido Revolucionario Mayoritario, PRM, sin embargo, no es ni debe ser materia que ataña a los propósitos inmediatos de nuestra organización, el PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRTA, PRSD.
No es un secreto para nadie en nuestro mundo político el que nuestro propio presidente, Hatuey De Camps, ha sido y sigue siendo consultado y convocado insistentemente por distintas fuerzas de las más decisivas en nuestro sistema social para que intervenga en la formulación de procesos que den al traste con la nueva atomización de esa institución que aún luce como fuerza de incidencia mayor en todo nuestro quehacer político, pero el PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA, PRSD, no ha de inmiscuirse de modo parcial en esta pelea insulsa, de escasa inteligencia o relevancia que reclama, por una parte y rechaza por la otra.
Como si se tratara de discutir el color del agua que supuestamente llueve el arcoiris, se desguasan y desaguan en esfuerzos que bien pudieran estar dirigidos en estos momentos a buscarle soluciones a los problemas económicos que a los dominicanos nos rompen la cabeza ante el sobregiro presupuestario que provoca el déficit de nuestra balanza de comercio internacional, así como otros acuciantes asuntos internos que nos ahogan.
Comprendemos el derecho con el que cuentan aquellos ciudadanos que se sientan rechazados o desconsiderados en sus derechos partidarios a buscarse un nicho de alojamiento circunstancial o definitivo a sus propuestas políticas.
Igualmente comprendemos la oposición o resistencia del propio PRD a dejar pasar sin objeción esa amenaza que ya es externa al coloso blanco.
Si bien las circunstancias que implican la existencia de ambas denominaciones no nos sorprenden ni nos extrañan sus motivaciones, lo cierto es que lo mejor que hacemos es dejar que ese bochinche se resuelva o disuelva entre sus propias corrientes de impropiedades y sin sentido, generadas en las improvisaciones propias de la confusión ideológica a la que se abraza una conducción política basada en las precipitaciones y falta de sistematización del pensamiento que la domina.
Nosotros seguimos convencidos y trabajando en función una verdad indiscutida: la mejor oferta electoral con la que cuenta nuestro sistema electoras que en términos de capacidad administrativa, consistencia patriótica y política en general, es, sin dudarlo ni un instante, Hatuey Decamps, el mismo quien dirigiera por muchos años en las principales funciones del propio PRD, junto a Peña Gómez y otros connotados dirigentes.
La ruta de las intolerancias, zancadillas y constantes bombardeos de palabras que sólo procuran mantener el estado de frustración sobre el sentimiento democrático y sus esperanzas, tiene que ser corregida. La militancia política con vocación de democracia política organizada, debe ser resarcida con la sensatez de una dirigencia responsable, sistemática y capaz.
La Ruta ha de ser la Ruta Corregida al paso del juicio inteligente y comedido que tanto vale en la experiencia política de nuestro candidato y líder político, Hatuey De Camps.
La Ruta Corregida es la de la reconstrucción de la unidad entre las fuerzas democráticas que conforman las las organizaciones liberales, las de más alto sentido de sanidad social que son las que componen los consensos que hoy se oponen al actual sistema de desmedro constate que sufre nuestra nación en todos los órdenes verificables, políticos y sociales en general.