miércoles, 28 de diciembre de 2011

PRSD, LA RUTA CORREGIDA. XXXI, CONTRA EL DESORDEN INSTITUCIONAL

Los cambios políticos capaces de trascender el estado de organización de una nación, pueden ocurrir de modo pacífico cuando el liderazgo vigente o emergente es capaz de visualizar coherentemente el devenir progresivo de las funciones que le corresponda conducir.

Otras veces, las transformaciones ameritan de cambios convulsivos, surgidos de procesos dialécticos empujados por las fuerzas potencialmente explosivas, cuando la dirigencia nacional termina enceguecida y sorda ante la razones y demandas de la sociedad que despierta y demanda atenciones a su poder democrático. En muchas ocasiones, los cambios sobrevienen impuestos por la truculencia de la lógica concebida en la voluntad de los imperios.

En nuestro país, los ominosos aires del desorden institucional y social en general, recuerdan el deterioro moral de la sociedad política venezolana pre-chavista. Las reglas de Estado han sido asaltadas por la maña de la falsa legalidad, la vendimia de los derechos humanos se subastan al mejor estilo de las indulgencias contratadas por el Santo Oficio y el atraso económico y el educativo crecen como matorrales húmedos.

El PRSD, El Partido del Toro, desde su fundación en el año 2004, ha venido propiciando el trabajo de cultivar  en la consciencia política nacional la simiente de una corrección de la ruta política por la que se viene conduciendo el ordenamiento social del Estado Dominicano, afectado de una aguda y fortalecida desviación de la función lógica y natural de conducir la sociedad sobre la base y respeto de sus reglas democráticamente servidas con arreglo a nuestras constumbres, tradiciones y consenso local, regional e internacional.

La proliferación del irrespeto criminal contra la vida, contra los bienes públicos, así como el desprecio creciente por los derechos a la dignidad económica, al empleo, la educación y la salud física y social, practicada por los gobiernos que sucesivamente han venido conduciendo el Estado Nacional, amerita una urgente profilaxis.

La colusión convertida en concierto político entre la dirigencia  nacional del PLD y  el PRD para compartirse los  intereses de La Nación, sus instituciones, sus  propiedades públicas, sus derechos y su consciencia política hasta el extremo de habernos degenerado al grado de convertirnos en una sociedad ensombrecida, caricaturezca, caracterizada por encabezar los peores índices mundiales de matanzones humanas callejeras por parte de las autoridades, los peores índices sobre niveles de formación escolar, los peores índices de corrupción en la administración del Estado, los peores índices en el tráfico de negocios ilegales, los peores índices sobre diferencias económicas entre ricos y pobres, etc.

La corrección de la citada ruta de la desviación política y social generalizada, sigue siendo diligenciada por la Dirigencia Nacional de nuestro Partido del Toro, no obstante, nos hallamos enfrascado en una forzosa lucha navegando contracorriente frente a fuerzas inmaduras, tenazmente aferradas a la utopía de un aislado triunfo electoral más allá de cualquier cálculo real, más allá de cualquier lógica o razón práctica.

Nuestro Partido del Toro ha hecho esfuerzos ingentes por lograr un mínimo de desprendimiento de sus ambiciones irracionalmente desmedidas a los actores que han propuesto la integración de una tercera fuerza capaz de dar al traste con el estado de desordenamiento social y político en el que nos hallamos ahogados. Una y otra vez hemos hecho conocer nuestra disposición a lograr una concertación racionalmente creíble, viable, obediente a la praxis histórica y materialmente lógica.

Advertimos bien a tiempo, bien explicado, con firmeza meridiana al Frente Amplio con Julián Serrulle, Dominicanos por el Cambio, con Eduardo Estrella, al Partido Demócrata Independiente, con Ismael Reyes,  a la Alianza por la Democracia, con Max Puig,  a Alianza País, con Guillermo Moreno,  y a todas las demás fuerzas democráticas de todo el espectro político nacional que siguen mostrando interés por la integración de una fuerza política democrática de amplia base, que es preciso que todas las congregaciones partidarias y aun las no partidarias que han buscado este propuesto consenso, han de desprenderse, han de renunciar a sus presunciones de ser cada cual el líder único de toda la coalición.

La adopción consensuada de una propuesta de gobierno de transición capaz de acogerse a una línea de transformación del Estado Dominicano en un gestor de progreso  democrático colectivo, resultaría en un crecimiento económico, social y humano en general en aras del cual  hemos de luchar todos los dominicanos mínimamente sensatos. Seguir pretendiendo asumir el poder político tras la terquedad que conduce a la atomización de las fuerzas electorales, es un absurdo antinómico, anti-histórico, anti-lógico.

Nosotros creemos, sin embargo, que aun hay tiempo para componer una opción electoral viable.

Ojalá así lo comprendamos todos..