Lograr convertir La Nación, El Estado y La Sociedad nuestros, en un país de Principios, Leyes, e Instituciones firmes, racionalmente viables, respetadas y de aplicación generalizada, concernientes e implicantes en igualdad de condiciones para toda la ciudadanía, es una tarea de rectitud democrática llamada a ser asumida por líderes formados, maduros, inteligentes, convencidos y experimentados en las tareas políticas de Estado.
Reclamarle militante, permanente e intransigentemente a nuestros dirigentes actuales su obligación legal, moral, histórica y funcionalmente conveniente en el sentido de ajustar su ejercicio gubernamental al respeto de lo concernido en la Constitución Nacional, sus leyes y reglamentos, es nuestro deber y nuestra obligación política y ciudadana, como Organización y como entes fundamentales en la composición del Estado del que somos constituyentes.
Nuestros poderes fundamentales que ordenan nuestra dinámica social general, política, administrativa, legislativa, judicial, electoral, comunicativa, etc., se hallan hoy corrompidos o interrumpidos en grados alarmantes.
El comportamiento cantinflesco del conjunto de los miembros ejercitantes del Poder Legislativo, alcanza, hoy como nunca, al descrédito supino, dados sus actos cargados de posturas de abyectas ridiculeces, sumidos en la corrupción y su total entrega al mandato de intereses inconfesables que rompen todos los referentes históricos peormente reconocidos por deleznables.
En cuanto a la dirección del Poder Judicial, el mismo sigue la línea de las colusiones internas y externas, como rutina que sirve a los intereses atados a los representantes más conspicuos y encumbrados del mismo.
El Arbitraje Electoral se halla completamente obligado con los compromisos políticos previos que lo anidaron en sus funciones como Poder Electoral.
El Poder Ejecutivo, encabezado por El Presidente, Comandante en Jefe de los cuerpos armados y demás funciones ejecutivas del Estado, se halla envuelto en toda clase de desafueros institucionales económicos, miles de crímenes o ejecuciones policiales callejeras y la conducción de la subversión de todas las normas tradicionales, las de ley, las morales, las éticas, y las democráticas.
Nuestro PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA, PRSD, se compromete con el ciudadano dominicano a Corregir la Ruta antes del colapso total, ante ese derrotero de inadmisible irracionalidad humana, el cual nos conduce peligrosamente hacia el abismo de la desaparición como Estado Soberano, hacia su inviabilidad administrativa.
Para lograr la rectificación o Corrección de La Ruta, bien haríamos con ofrecerle a los dominicanos una la opción racionalmente más viable y completa con la que en estos momentos cuenta nuestra sociedad política. La pericia, ordenamiento y convicciones administrativas democráticas del liderazgo que le permitiría lograrlo como nadie más en este momento,
El conductor ideal en la presente circunstancia, puede ser Hatuey Decamps, para orientar la Ruta Corregida que garantiza El PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA, PRSD..
lunes, 27 de diciembre de 2010
martes, 7 de diciembre de 2010
PRSD, LA RUTA CORREGIDA, XVII....MOVIMIENTOS SOCIALES Y POLÍTICOS POR TODO EL PAÍS
MARTES 7 DE DICIEMBRE DE 2010
PRSD, LA RUTA CORREGIDA, XVII
Los movimientos sociales y políticos que se han regado a través de toda sociedad dominicana, expresando sus reclamos por una asignación presupuestal equivalente a la proporción del cuatro por ciento del producto interno bruto estimado para las operaciones comerciales de todo nuestro ordenamiento económico formal, vienen tomando la fortaleza propia de un plebiscito nacional, más allá, mucho más allá, del simple reclamo racional y consciente para que sean subidos los niveles de atención y corregidos los precarios presupuestos dedicados a la educación básica de nuestros niños y jóvenes, no se contrae a un simple número o cantidad presupuestada, estas manifestaciones implican en mucho, una auténtica alarma popular, masiva, dirigida a advertir sobre las inconformidades generalizadas en torno a la administración nacional de las prioridades sociales.
El reclamo del "cuatro porciento", así nada más nombrado, como lo fuera en su momento el estribillo del "medio millón, a la universidad", o, como mejor es conocida aquella gesta popular: "lucha por el medio millón", se extiende a la necesidad percibida y sentida por todo el ámbito nacional de que la dedicación administrativa del Estado ha descuidado profundamente, por todos los tiempos, su interés por adelantar el crecimiento humano que se mide a través de los índices que permiten conocer la seguridad, la formación y la integración de las grandes mayorías nacionales a las oportunidades que se derivan del crecimiento proporcional y material del Estado.
La denominada "Lucha por el Medio Millón", encabezada desde la la propia UASD por el movimiento estudiantil representado por la Federación de Estudiantes Dominicanos, FED, y su líder más connotado, Hatuey De Camps, trascendía muchísimo más que un simple reclamo en favor de un incremento en los valores asignados al presupuesto de la UASD.
La generalización de aquel reclamo, cuyo precedente en cuanto al involucramiento masivo generalizado sólo habría sido superado por el del carnavalesco festín nacional coreado a nivel nacional al ritmo de "navidad con libertad", exigiendo la finalización formal del mandato trujillista, meses después de su dramático descabezamiento.
Tanto El Gobierno Nacional, los poderes económicos, como los pensadores y diseñadores intelectuales de nuestros procesos sociales, han de percibir, una vez más, estas señales que envían una advertencia subliminal, sobre las inconformidades generalizadas contra los desconocimientos flagrantes del ordenamiento legal constitucional, y, aun peor, los desconocimientos flagrantes de los intereses propios de la gente común que genera con sus manos las riquezas que otros muy pocos explotan a su mero antojo y en forma desfachatada e insolente.
Tal vez no precisemos de un "chaveztazo", pero estamos empeñados insistentemente en provocar uno. No contamos con generosos pozos petroleros que siguen generando riquezas por encima de todos los percances sociales. Precisamos de un ordenamiento jurídico transparente, racional y creíble.
Tal vez, sinembargo, nos valga preservar nuestro Estado de Derecho, aun en el marco de su delicada fragilidad, antes que seguir exponiéndonos a los riesgos de una ruptura catastrófica.
De nuevo el nombre de Hatuey De Camps. Bien haríamos con confiarle la reconstrucción del modelo de Estado que se nos agota, hoy, cuando el desgaste gubernamental que representa el actual orden administrativo da tan claras señales de cansancio e infuncionalidad.
La Ruta de la apatía y del fracaso ante la separación de clases, el acusado menosprecio por las preocupaciones y necesidades de los menos poseídos, tiene que ser corregida.
Desde la plataforma política que enarbola el PRSD, la ruta ha de ser corregida con el concurso de las experiencias administrativas y político-democráticas de Hatuey De Camps, llevado a presidir El Estado.
PRSD, LA RUTA CORREGIDA, XVII
Los movimientos sociales y políticos que se han regado a través de toda sociedad dominicana, expresando sus reclamos por una asignación presupuestal equivalente a la proporción del cuatro por ciento del producto interno bruto estimado para las operaciones comerciales de todo nuestro ordenamiento económico formal, vienen tomando la fortaleza propia de un plebiscito nacional, más allá, mucho más allá, del simple reclamo racional y consciente para que sean subidos los niveles de atención y corregidos los precarios presupuestos dedicados a la educación básica de nuestros niños y jóvenes, no se contrae a un simple número o cantidad presupuestada, estas manifestaciones implican en mucho, una auténtica alarma popular, masiva, dirigida a advertir sobre las inconformidades generalizadas en torno a la administración nacional de las prioridades sociales.
El reclamo del "cuatro porciento", así nada más nombrado, como lo fuera en su momento el estribillo del "medio millón, a la universidad", o, como mejor es conocida aquella gesta popular: "lucha por el medio millón", se extiende a la necesidad percibida y sentida por todo el ámbito nacional de que la dedicación administrativa del Estado ha descuidado profundamente, por todos los tiempos, su interés por adelantar el crecimiento humano que se mide a través de los índices que permiten conocer la seguridad, la formación y la integración de las grandes mayorías nacionales a las oportunidades que se derivan del crecimiento proporcional y material del Estado.
La denominada "Lucha por el Medio Millón", encabezada desde la la propia UASD por el movimiento estudiantil representado por la Federación de Estudiantes Dominicanos, FED, y su líder más connotado, Hatuey De Camps, trascendía muchísimo más que un simple reclamo en favor de un incremento en los valores asignados al presupuesto de la UASD.
La generalización de aquel reclamo, cuyo precedente en cuanto al involucramiento masivo generalizado sólo habría sido superado por el del carnavalesco festín nacional coreado a nivel nacional al ritmo de "navidad con libertad", exigiendo la finalización formal del mandato trujillista, meses después de su dramático descabezamiento.
Tanto El Gobierno Nacional, los poderes económicos, como los pensadores y diseñadores intelectuales de nuestros procesos sociales, han de percibir, una vez más, estas señales que envían una advertencia subliminal, sobre las inconformidades generalizadas contra los desconocimientos flagrantes del ordenamiento legal constitucional, y, aun peor, los desconocimientos flagrantes de los intereses propios de la gente común que genera con sus manos las riquezas que otros muy pocos explotan a su mero antojo y en forma desfachatada e insolente.
Tal vez no precisemos de un "chaveztazo", pero estamos empeñados insistentemente en provocar uno. No contamos con generosos pozos petroleros que siguen generando riquezas por encima de todos los percances sociales. Precisamos de un ordenamiento jurídico transparente, racional y creíble.
Tal vez, sinembargo, nos valga preservar nuestro Estado de Derecho, aun en el marco de su delicada fragilidad, antes que seguir exponiéndonos a los riesgos de una ruptura catastrófica.
De nuevo el nombre de Hatuey De Camps. Bien haríamos con confiarle la reconstrucción del modelo de Estado que se nos agota, hoy, cuando el desgaste gubernamental que representa el actual orden administrativo da tan claras señales de cansancio e infuncionalidad.
La Ruta de la apatía y del fracaso ante la separación de clases, el acusado menosprecio por las preocupaciones y necesidades de los menos poseídos, tiene que ser corregida.
Desde la plataforma política que enarbola el PRSD, la ruta ha de ser corregida con el concurso de las experiencias administrativas y político-democráticas de Hatuey De Camps, llevado a presidir El Estado.
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