sábado, 30 de octubre de 2010

PRSD, LA RUTA CORREGIDA, XVI.....HATUEY DECAMPS, UNICO DIRIGENTE POLÍTICO DE RELEVANCIA NACIONAL

Hatuey De Camps ha quedado como el único dirigente político de Relevancia Nacional libre de complicidades, presentes e históricas que arrastran las perniciones que en nuestro país son muy propias de los procesos de repostulación presidencial, y, peor aún, cuando logran convertirse en reelección presidencial.

Ningún dirigente, seguidor o simpatizante del Partido Reformista se atrevería a exhibir, sin ridiculizarse, una posición contraria a las "bondades legítimas" de los proyectos reelectoreros, después que su líder fuera el principal mentor de esos proyectos y corruptor empedernido de los procesos que los sustentaron.

Nadie, valiéndose del buen castellano franco y claro, aseguraría que algún proceso de los que condujeron a Joaquín Balaguer hasta la presidencia de la República, estuviera libre de las peores truculencias mediáticas, militares y ahijadas por fuerzas oscuras y malhadadas, protagonistas de los más desproporcionados retorcimientos apadrinados por juntas colusivas de arregladores enquistados en el poder religioso, económico, militar e imperial extrangero.

Por otro lado, los líderes de la tradición perredeísta mejor valorada y respetada, en su momento más crítico y decisivo frente al coraje ético que debió imponerse, fueron incapaces, penosamente, de mantenerse de piés frente al fraguado proyecto reelectorero encabezado por el entonces presidente Hipólito Mejía.

Nombres hasta entonces sagrados y preservados de como referente ético-moral de la más valiosa tradición política perredeísta, afirmada en las patas morales de las ideas y conductas de Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez, como es caso de Milagros Ortiz, Jorge Blanco, Ivelisse Pratts, Hugo Tolentino, Tirso Mejía, Miguel Vargas, Ramón Alburquerque, Orlando Jorge, Franco Badía, Guido Gómez, Eligio Jáquez, Rafael Suberbí, Esquea Guerrero, y otros, sucumbieron de cualquier forma ante las ansiedades que generaron los contratiempos del momento político, seriamente conturbado por acontecimietos nacionales e internacionales, por el que atravaesaba el País, tan traumáticos que auguraban una difícil batalla por la retención del poder.

No logró imponerse el muro de los principios cuando cuando el embate de la corriente reelectorera hizo olas.

Fué entonces cuando la agudeza de la lanza que porta el estandarte de los principios que sustentaban la historia de la firmeza política, racional y conceptualmente afirmada en las tradiciones del pensamiento dominicano mejor depurado y acendrado en los principios de la fuerza de la democracia y sus hechos gubernamentales mejor valorados en nuestra historia, fué recogida por Hatuey De Camps junto a un valiente conjunto de dirigentes que se decidieron a enfrentar ese estropicio inaceptable protagonizado en contra de los mejores intereses de la democracia, cara demás, que el PRD ha defendido a fuego y sangre durante unas seis décadas.

Por su lado, en el PLD, más allá del regalo constitucional que le brindara ese intento de Hipólito Mejía, con el respaldo de todos aquellos dirigentes arrodillados ante un torero que los canzó con Pases de Verónica, revertido cual boumerang contra el propio PRD, no titubeó para ir más allá y lograr zarpazo reelectorero contra la constitución, para despejar el camino a los intentos que supuestamente quedaban ceerrados luego de la chapuza reformadora martillada durante el gobierno de Hipólito Mejía, permitiendo así que se abran nuevas ocasiones legales para que vuelvan a ser postulados los presidentes salientes.

Danilo Medina, "vencido por El Estado", hizo mutis ante la repostulación del Dr. Leonel Fernández y lo mismo hace en estos momentos cuando los aires ardientes amenazan con desatar una nueva tormenta política, ética y moral, ante los anunciados propuestos políticos que se dirigen a violentar la propia constitución para conducirnos a otro intento de continuismo impuesto, forzado, ilegal y cuasi violento, contra la Democracia y contra los intereses mínimos y los máximos de la población más desposeída, la que ha salido con peor partida de este gobierno reelecto que hoy nos conduce.

José Tomás Pérez y Franklin Almeida, Francisco Javier, Radamés Segura, otros connotados líderes peledeistas, no han hecho silencio, sino que han anunciado insistentemente sus respectivos actos de sumisión incondicional a las voluntades reelectoreras del Presidente Fernández, condicionando las disposiciones electorales de sus respectivos liderazgo a los deseos de repostulación del Presidente.

Así es que, sin eufemismos, sin retorcimientos, sin acondicionamientos ni excusas maquilladas, el único líder político de este momento, con características cultivadas, desarrolladas, creíbles y tangibles, para afrontar un proceso gubernamental de transcición entre los vicios que han generado los procesosr reelectoreros, no comprometido con la duda de respaldar o intentar gobernar para fomentar un proyecto reelectorero en caso del llegar al poder, es, a nada de dudar, Hatuey De Camps.

Un líder que ha dado señales racionales y firmes de vivir alejado de las colusiones criminales de los sustentados por los poderes del Estado, alejado del nepotismo partidario y familiar, alejado desde sus funciones estatales de la promoción de ventajas económicas familiares ni compromisarias con los desfalcos propios de los ejercitantes del poder cuando se aposentan en las más poderosos e influyentes escritorios del Gobierno de turno.

Fueran quienes fueran los ostentantes de las candidaturas presidenciales que se presentaran en las próximas elecciones, entiendo que sobran razones para entender que siendo necesario, como es en este momento, enderezar la ruta por la que se conduce el ejercicio gubernamental dominicano, atocigado de compromisos espurios de los que no podrían liberarse los pretendientes antes citados, a nuestra sociedad le urge un encamisado político voluntarioso, ético y moral, capaz de enfrentar un proceso de corrección de la ruta de la derrota que como sociedad estamos transitando en estos momentos.

La Ruta tiene que ser corregida. Hatuey De Camps es en estos momentos el referente más firme para iniciar y encaminar un proceso libre para la reconstrucción de nuestra Democracia para llegar a la Ruta Corregida que iniciamos en el PRSD.

viernes, 22 de octubre de 2010

PRSD, LA RUTA CORREGIDA, XV... CONSOLIDACIÓN DE LAS IDEAS POLÍTICAS EN EL PRSD

La Consolidación de la ideas políticas, luego de las agudas discusiones que suelen extenderse entre los pensadores, ideólogos, armadores y militantes del partido, en cualquier época de nuestra historia política universal, implica la recomposición de fuerzas, reformulación de las estrategias ideológicas y el rearreglamiento entre los contrarios que luchan por la prevalencia de sus propias concepciones sobre el hecho político y sus razones, las del poder y la conquista del mismo, y sobre la conveniencia sobre quien debe dirigir dichas conquistas.




Las Correcciones hechas sobre la Ruta seguida, obedece siempre, como un hecho dialéctico, a las manifestaciones de las contradicciones que surgen y van aniquilándose como escollos a menores o mayores plazos, tras caídas y subidas del espíritu por convencional que cíclicamente se presenta como onda que resuena entre los oídos de todos los actores y protagonistas en el escenario de beligerancias.



El hecho de procurar los arreglos sociales mediante la conciliación de intereses comunes, es esencialmente humano, sobretodo cuando las diferencias entre los intereses en contradicción no resultan sustancialmente opuestos, sino que se limitan a las ansias de dominación, como fenómeno antropológico.



Los intereses políticos entre los Partidos de nuestra tradición regional, propios de sociedades convulsas, regenteadas por colonos y encomenderos, que son los mismos que los intereses por el dominio o poder en la dirección del Estado y de los beneficios que de este hecho se desprenden, como el de las ventajas materiales y sociales que a partir de ello se acumulan.



No existen visos de luchas de clases promovidas por Partidos como el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), Partido de la Liberación Dominicana, (PLD), Partido Revolucionario Social Demócrata (PRSD), Partido Revolucionario Independiente, (PRI), Partido Demócrata Institucional, (PDI), Alianza Social Demócrata,(ASD), Movimiento Unidad y Cambio, (MIUCA),etc., por tanto los intereses profundos son fundamentalmente comunes a sus modos de comprender, aunque muchas veces inconscientes de su poder sinérgico.

No existe una conciencia de clase que los contraponga, ni siquiera desde los magros movimientos obreros, fundamentalmente desvanecidos y absorbidos por la miseria ideológica que cunde en nuestra sociedad política.



Esta coincidencia de conciencia deformada nos muestra que ninguna posición de fondo se opone a un arreglamiento de las posiciones políticas que entre todos conforman y se acogen a este sistema de ordenamiento social y de Estado.



Este hecho nos deja saber sin arrugas, que no existen diferencias de fondo que impidan entre ellos una conciliación formal y directa en el sentido de seleccionar un gobierno abiertamente equilibrado y muy capaz de armonizar entre todos con el fin de desarrollar una agenda de reformas trascendentes.



Todos nuestros líderes mejor cultivados y más influyentes, acrecentarían sus haberes morales y relaciones de poder en la medida que se cristalice una transparente atmósfera de debate político saneado de las truculencias criminales y la barbarie del primitivismo político que hoy se nos aposenta en todos los estamentos de nuestras instituciones públicas y privadas.



Estamos convencidos de que es preciso un acto de reconocimiento de que la conciliación de intereses se favorece con el ajuste civilizado y materialmente muy redituable en favor del ordenamiento productivo nacional, por lo que, los mayores beneficios de un arreglamiento institucional general tiende a favorecer a todo el sistema. Para todo ello es de prioridad seleccionar un gobierno con respaldo universal, bajo una agenda consensuada por las experiencias de éxitos y sobre las frustraciones reconocidas.



Una cabeza política experimentada, firme y capaz de lidiar con los tiempos de hoy signados por el discernimiento intelectual en materia de Economía y el manejo de la metodología científica en la investigación social, con experiencias fundadas en las luchas populares, el ejercicio docente intelectual, la dirección de Estado en diferentes fases del poder legislativo y administrativo, la conducción y de consensos internacionales, libre de desgastes provocados por las complacencias inevitables que doblegan a los ejercitantes de la Presidencia del Gobierno, sería la llamada a la conducción más racional de las reformas progresistas del Estado en favor de las mayorías grandes, es decir, en favor de la Democracia Grande, la Democracia incluyente dirigida a beneficiar a grandes distribuciones humanas.



Uno de esos dirigentes privilegiados por el espíritu de trabajo, la sagacidad política, la inteligencia administrativa y la firmeza en su liderazgo, puede ser Hatuey De Camps, sin dudas el dirigente mejor tallado, forjado y templado con el que en estos momentos cuenta la estructura política dominicana para lograr enderezar los entuertos administrativos de nuestras tradicionales máculas tales como la desidia por la educación popular, la corrupción generalizada y la indiferencia con respecto al crecimiento precipitado de la criminalidad.



Una presidencia sin aspiraciones reelectorales, con capacidad de ejercer el equilibrio entre las distintas fuerzas sociales que componen y dirigen nuestros ordenamientos tradicionales, religiosos, obreros, políticos, empresariales, e ideológicos de cualquier denominación que asocie a la ciudadanía dominicana de buena voluntad.



El PARTIDO REVOLUCIONARIO SOCIAL DEMÓCRATA, PRSD, El Partido del Toro, ofrece como herramienta de consenso nacional, un candidato libre de vicios de poder como lo son el continuísmo, las colusiones y el nepotismo partidario o familiar, por estar el mismo en la inmejorable situación de no cargar sobre sus espaldas políticas con compromisos espurios.



El Partido Revolucionario Social Demócrata, PRSD, El Partido del Toro, propicia la corrección recta de las rutas desviadas del progreso distribuido como principio de la institucionalidad democrática concebida al estilo de José Francisco Peña Gómez, Juan Bosch y Hatuey Decamps, este quien hoy se erige como el último gran sustento de la interpretación social de la democracia como fundamento del bienestar y el progreso colectivo en un marco de consenso abarcador de los beneficios sinérgicos de la sociedad moderna como una familia grande y de compromisos humanos.